Amar

amandoAntes de hablar de los celos creo que es necesario primero hablar del amor.

Existe una gran confusión en el tema amoroso. Frases como “sos el amor de mi vida”, “el amor que me das”, o “el amor que te doy” son frases engañosas, frases que son incorrectas. Estas cosas nunca ocurren en el amor.

El amor es nuestro. El amor que sentimos está en nosotros, y lo sentimos sólo nosotros. Ni nuestra pareja lo siente, ni nuestros hijos lo sienten, ni nadie. Sólo nosotros sentimos el amor que sentimos (valga la redundancia). Tampoco sentimos el amor del otro en ningún momento.

El otro (nuestra pareja, nuestro hijo, etc) nos motiva a amar, nos motiva nuestro amor. Motivan nuestro sentimiento del amor y entonces lo sentimos. Sentimos el amor que nos produce aquella motivación que nos produjo el otro. Es como la caricia. Cuando alguien nos hace una caricia con la mano, lo que sentimos es la mano, no la caricia. “Caricia” llamamos a la manera en que nos tocó esa mano. Esa mano nos “motivó” un sentimiento de caricia. La odontóloga o el cirujano nos pueden tocar de la misma manera sin motivarnos a sentir ninguna caricia.

El amor siempre es el nuestro. Lo disfrutamos porque disfrutamos de amar, de ese sentimiento nuestro, pero hay personas que aman mal, y el amor que se despierta ante la motivación del otro es la violencia, la destrucción. Esa cosa enferma está en el que lo siente, no en el que lo motiva. Si fuese el caso de una mujer que está con un golpeador, la mujer motiva el amor del hombre, pero el amor no saldrá nunca, lo que va a salir es el desamor, el dolor de una persona lastimada en el amor y que reacciona con brutalidad y violencia. La mujer golpeada continúa con el golpeador porque en su manera de amar hay mucha culpa, ama con culpa. No tiene la capacidad de amar y disfrutar del amor sin culpa, y eso es lo que encuentra en el golpeador, esa es la motivación enferma que consigue. Ella nunca siente lo que siente el golpeador, sino que siente su propia culpa, su propia manera equívoca de disfrutar el amor. Él nunca siente el amor de ella. Él sólo siente la rabia y el desgarro que le produce que alguien sienta que él puede motivar en el otro el amor. Ambos están muy enfermos.

tumblr_li0gifFgiM1qcsdtvo1_500_largeQuien mejor sepa amar tiene mejores posibilidades de ser feliz en una relación, pero este no será el que desarrolle mayor dependencia con el otro, sino al contrario, será el que desarrolle mayor confianza, y por tanto, desapego. La confianza estará en sentir la seguridad de que nosotros también motivamos en el otro su máximo potencial amoroso, y que estamos ocupados en que siempre se sienta creciendo en el desarrollo de su capacidad de amar, y que eso lo lleve a ser más feliz. Al mismo tiempo, aquel, al ser nosotros sus motivadores en el amor, buscará amarnos, esto es, motivarnos a que nos amemos más y mejor, o sea, a ser él el motivador de nuestro amor.

El que ama mal puede tener, antes que el desapego de la confianza, el desinterés en amar, y sentirse satisfecho con ser el motivador del amor del otro. Este lugar lo pone en un sitio importante con respecto a la vida de su pareja sin arriesgar la desilusión de no saberse motivar por ella. Si el otro es dependiente, o sea, no cree que ningún otro le pueda motivar el amor que su pareja le motiva, entonces quedará preso de una persona que no demuestra sentirse motivado por el, y pagará ese capricho con su valorización. Podría ser el hombre que ama a una mujer que no lo ama, y él se esfuerza por hacerse querer, pero ella, a pesar de ser parte de la relación, se vincula al hombre con alguna indiferencia. Ese hombre pagará su fijación con su autoestima, ya que él siente que no puede motivar a su pareja para que saque su sentimiento más preciado y valioso: su amor. Al mismo tiempo, ella vivirá una sensación de insatisfacción y vacío, ya que sabe que debería motivarse para amar y disfrutar, pero no se anima. Si tiene valores morales, será una histérica reprimida, si no los tiene, será pirata. Lo mismo pasa en la situación inversa, si ella es la dependiente de su propio amor en la motivación de él, y él no se anima a dejar que motiven su amor. Él será un histérico, coqueteando hasta a sus primas pero sin que pase nada, o un pirata.

Cuando existe la dependencia, se cae fácilmente en la idealización. Se piensa que la otra persona “nos quiere mucho pero no es muy demostrativa” cuando en realidad no demuestra absolutamente nada, o se dice que “me trata así porque le provoco cosas”, y es cierto, aunque ninguna de esas cosas sea el amor. Las personas que idealizan al otro le colocan a su forma de ser lo que ellas sienten que les falta para ser pefectos motivadores de su amor. No sólo se mienten con las cosas que agregan, sino que la mentira más grande se la hacen a ellas mismas con lo que creen que motivará su amor. Esta característica se da con personas que temen abandonar los arquetipos sexuales de su adolescencia, y buscan seguir sintiendo la emoción de encontrar las mujeres al príncipe azul, y los hombres a la Sasha Grey fiel y presentable.

El antídoto contra la idealización es mirar los hechos y no escuchar las palabras. Los ídolos de barro se caerán a pedazos silenciosamente a la primera lluvia muda.

carreira-de-sucessoAmar, entonces, es encontrar quien nos motive a hacerlo. Y el primer paso para eso es buscar en el otro la confianza. Amar es construir. Nadie ama por amar, porque la confianza se construye con hechos. Amamos a nuestros padres porque de niños se ama (se confía) con más facilidad, y porque ellos no fallan. Cuando fallan nuestros padres nos condicionan en nuestra futura manera de amar. Nuestros problemas en el amor vienen de esos fallos humanos (a veces no tan humanos) que cometieron nuestros padres y las personas a las que nos dejaron en confianza, mientras nosotros confiábamos en ellos siendo niños. Por eso Amar es Construir, porque a medida que somos más grandes más nos cuesta confiar, y la confianza se logra con hechos palpables. Cuando uno actúa de manera confiable motiva el amor del otro. Este trabajo, si es mutuo, logrará que los años traigan la estabilidad, y luego, la complicidad. Pero para eso hay que cuidar la confianza como los padres cuidaron de la nuestra en la infancia.

Esto es Amar, y lo otro es Amar mal. No existe el “Amar bien”, o el “No Amar”, porque o se “Ama” o se “Ama mal”. Para Amar no hace falta ninguna perfección. De hecho, la perfección es imposible. Hombres y mujeres somos complementarios en nuestras necesidades, y en ellas estará el sentirnos comprendidos por el otro, y aquella comprensión será el motivador de nuestro amor, precisamente en donde nos sentimos incomprendidos. Entonces, para que haya Amor hace falta complementación, ahí es donde se construye. Por eso es tan importante la honestidad, porque para que alguien nos sane la herida, tenemos que poner el brazo.

Entonces, si Amar es Construir, ¿qué son los celos?