La mina “Pinamar” o el diablo disfrazado de mujer

– Yo por suerte vengo bien con la flaca, dos años de matrimonio y ni una infidelidad – dijo confiado el Tarta.

– ¿Y cómo haces? – preguntó en tono pícaro el Cholo.

– Me limito a no tentarme, me reprimo, me la banco – apuró la respuesta el Tarta.

– ¿Y cómo mierda haces? – le preguntó con cara de duda el Hugo.

– Nada, que se yo, me limito a no buscar la oportunidad que me den ganas de mandármela, o de evitar las situaciones tentadoras, sería como ir a cazar sin escopeta, algo así. Cuando percibo que me la puedo mandar me hago el gil y parto – rió nervioso el Tarta con esa cara de chotazo de siempre.

– Vos porque no te has cruzado nunca con lo que yo llamo la “mina Pinamar” – aseguró el Hugo con cierta nostalgia..

– No… yo siempre vacaciono en Mardel – dijo el Tarta.

– No dije una mina en Pinamar, dije la mina Pinamar – corrigió el Hugo.

– ¿La mina Pinamar? ¿Qué es eso? Yo de pedo conozco Córdoba – preguntó el Cholo.

– Es una especie de adjetivo inventado por mí… la mina Pinamar es la mina imposible – comentó el Hugo mirando hacia la nada.

– Claro… ¿así como la Jessica Cirio? – dijo el Tarta.

– Yo de pedo tengo un autógrafo de la Graciela Alfano que me firmó cuando era chico en la puerta del Gran Rex – agregó el Cholo.

– No boludos… no me refiero a esas minas. La mina Pinamar es esa mina imposible, pero que la ves a menudo, que la ves a diario, que te la cruzas en el laburo, en el boliche, que tenes amigos en común o que de tan especial y popular la ves en todos lados. Esa mina que de verla nomás te hace suspirar… y hasta darías tu vida por ella más allá de que ella ni te registra – explicó el Hugo seguro en sus palabras.

– ¿Y qué tiene que ver una mina rica con Pinamar? – preguntó el Cholo.

– Como explicarles… – dijo el Hugo mientras se tocaba la barbilla, cosa que siempre hacía cuando estaba por iniciar una cátedra filosófica – La mina Pinamar no es solamente esa mina linda, divina, sino que es esa mina a la cual el contexto la enaltece. Pinamar no es más que Mardel, misma playa, misma agua, mismo sol… pero la gente top lo categoriza. Lógico que la mina es exuberantemente hermosa, pero es más que eso, es inalcanzable para vos, es demasiado, o sea… la mina además tiene guita, tiene nivel, tiene onda, amigos famosos, padres acomodados, estudios picantes, la mina es una mina diez, encima es simpática con los de su entorno, todos la adoran. La mina Pinamar tiene un Facebook re contra top, forrado en fotos de ella que explotan, que son prácticamente un vicio, que te llegas a conocer de memoria y hasta te hacen sentir morboso y fisgón… voyerista. Mirar a la mina Pinamar es saber que no le perteneces, pero no es como mirar la foto de una estrella de Buenos Aires, es mirar la foto de una mina que vive a diez minutos de tu casa quizás, pero que es imposible que sea tuya.

– No entiendo porque “mina Pinamar” – pregunto esta vez el Tarta remarcando el adjetivo.

– A ver… a Pinamar podemos ir cualquiera de los tres, en cualquier momento. Haces el esfuerzo, te alquilas un sucuho, morfas sanguchitos en la casa y estas todo el día en la playa, eso está claro. Pero en el fondo los tres sabemos que Pinamar no es para nosotros, para los nuestros está Mardel, San Bernardo o Gesell, en Pinamar somos sapos de otro pozo. Pinamar es yate, es moto de agua, es cuatriciclo de doscientas lucas, cuatro por cuatro con llantas, restaurant de onda y Chandón en el boliche. ¿Entienden? – dijo el Hugo.

– Si, ¿pero que tienen que ver las minas ricas con eso? – dijo descolocado el Cholo.

– Que en Pinamar hay un nivel de minas de la puta madre, las más lindas y “top”, las que están en la cresta de la ola, como modelos naturales, las más chetas y divinas del país y esas minas no buscan a un mortadela como nosotros, buscan tipos facheros, nenes bien, de guita, de nombre, de nivel, que la pongan. Incluso va más allá de la facha, de la parla, hasta incluso de la guita misma, a las minas se les acercan los de su nivel, no ilusos, soñadores y secos mentales como nosotros ¿entienden? – explicó el Hugo.

– Si Huguito… pero no estás diciendo nada nuevo, gatos hay en todos lados papá – canchereo el Tarta.

– Es que ahí está el tema… la mina Pinamar no es gato, si fuese gato te hubiese dicho “si, nunca te cruzaste con un gato”, por eso digo la “mina Pinamar”, porque es otra cosa, no garcha por guita, va más allá, la mina Pinamar te enamora, te vuelve loco, la ves y pensas en que darías tu vida por ella, ahí bailando, con ese swing, con esas piernas eternas, esos colgantes que deben valer más que tu casa, o esos lentes que te costarían cuatro sueldos, todo en ella tiene onda, hasta como fuma, su voz, su estilo, la pasión que despierta en los hombres. La mina Pinamar es perfecta, hace todo bien, tiene una cara perfecta, cuerpo tallado, actitud de diosa egipcia, la mina Pinamar es el diablo disfrazado de mujer. – sentenció el Hugo.

– Creo que estás exagerando – le dijo el Cholo.

– Para para Cholo… seguí Hugo, seguí… – dijo como un niño el Tarta expectante.

– No exagero… la mina Pinamar es real, la estás viendo, está ahí cerca tuyo, comparte el mismo espacio que vos, pero sabes que no es para vos, te amarga la vida, te pincha, te hace pisar el suelo y darte cuenta que estas en un nivel inferior, que por más que te creas canchero, picante, rápido o fachero, te falta nafta para ella. La mina Pinamar es inalcanzable para vos, y ella lo sabe, lo sabe y disfruta con ello, esta como sumida en un manto impenetrable, ella lo sabe la muy guacha… sabe que hace sufrir a giles como vos – se explayó el Hugo.

– Insisto que no entiendo porque “mina Pinamar” – volvió a preguntar el Cholo.

– ¿Sos pelotudo Cholo? a Pinamar podes ir, a la mina la podes ver, nadie te lo impide, no es de Hollywood, es de acá, Pinamar no es Rusia, pero estando en Pinamar, te das cuenta de que no te da la nafta para disfrutar como se debe disfrutar ese lugar, ya que tu Renault no tiene onda ¿entendes?, a la mina no es que no la puedas ver, la vez y encima a menudo, pero viéndola solo te das cuenta de que es imposible para vos, que no tenes chances, te sume en un estado de pelotudez enfermiza, pero siempre te hace saber sin decirlo que no estas a su altura. Nadie dice “Pinamar es solo para los ricos con onda”, pero se entiende que si no sos rico y con onda ese lugar no es para vos, ¿entendes Cholo? – preguntó el Hugo medio caliente.

– La mina Pinamar es la que no te animas a sacar a bailar, que crees que te puede decir que sí, que pasa un tipo al que ves re contra ganador la saca y en vez de irte te quedas mirándola desde la sombras toda la noche, pensando que quizás… tal vez… podrías haber… pero no pudiste y no hiciste – sentenció el Tarta.

– ¡Claro Tarta! Es esa la mina Pinamar, esa que por tenerla cerca te genera cierta expectativa, pero en el fondo sabes que no te da el cuero, no te da la nafta, ¡¡¡esa misma es la mina Pinamar!!! – aseguró el Hugo.

– Sigo insistiendo en que no le veo diferencia con un gato o una botinera. – dijo el Cholo.

– Porque la mina Pinamar tienta a los que están en medio del camino… el que no tiene un mango, se va de vacaciones a San Luis o a Potrerillos, el realmente forrado se va a Europa o Cuba, pero el que está en el medio se va a la costa Atlántica, y le tienta estar en Pinamar… pero o se queda en Mardel más o menos bien o la va a pasar como un careta para el culo en Pinamar. – comentó el Hugo.

– ¿Y qué tiene que ver la mina con la plata o las vacaciones? – preguntó el Cholo.

– Nada Cholo, no podes ser tan chotazo hermano, te estoy haciendo una analogía boludo… no entendes el concepto de la mina Pinamar porque sos un bichero que siempre se ha conformado con la mina más fea y borracha del boliche o del laburo, pero cuando uno aspira a un nivel más alto, como el Tarta en su época de soltería, se da cuenta de que también tiene un límite, el cual no quiere reconocer pero lamentablemente tiene que aceptar. Ese límite es la mina Pinamar, esa que te encanta, que te la imaginas con vos, pero que no te va a dar bola en la re puta vida. – dijo enojado el Hugo.

– ¿Sabes que Hugo?… tenes razón. Por suerte no me cruzo últimamente ninguna mina Pinamar. – finalizó el Tarta.

– Por suerte Tarta… yo llevo siglos perdido en una.