¿Hasta qué edad somos jóvenes?

 

“Cuando se es joven, se es joven para toda la vida” Pablo Picasso

Si hubieras nacido en el siglo diecinueve, muy seguramente tu familia te habría sometido a un ritual familiar para festejar el paso de la niñez a la adultez. Era normal en aquella época tener alguna tradición ancestral para marcar el inicio en la vida adulta de los chicos, desde un debut sexual hasta un cargo en la empresa familiar.

La juventud, tal cual y cómo la concebimos hoy en día, empieza a finales del siglo diecinueve, cuando ya no era sostenible el trabajo infantil y cuando ya no era necesario casarse a los trece años. Ahí se da forma la adolescencia, que es la etapa que abarca desde los trece años hasta la universidad, y la juventud, la época que va desde la facultad hasta el casamiento.

En buena parte de Europa, o por lo menos en las zonas más desarrolladas del continente, se pudo reformular ésta tendencia. La adolescencia sigue siendo corta, los hijos se van de la casa luego de terminar la escuela y tienen más responsabilidad a medida que el tiempo avanza; pero, como contrapartida, la juventud se les tornó más larga. Ósea, ellos no tienen problema en tener hijos luego de los cuarenta años, ni tampoco les importa seguir saliendo a los boliches luego de los cincuenta. No les parece anormal viajar por el mundo hasta una edad avanzada, cambiando de profesión en la medida  en que las circunstancias lo ameriten.

Nosotros, los latinoamericanos, todavía concebimos la vida de una forma muy lineal, al igual que los europeos en los tiempos pasados. Tendemos a pensar en que todo es una sucesión de estamentos bien definidos (la escuela, la universidad, la pareja, la casa, los hijos, los nietos) y cualquier impedimento que atrase o impida ésta sucesión inevitables de hechos, se considera un error o una “pérdida de tiempo”.

Por eso mismo solemos presentar a la juventud como una especie de felicidad en abstracto: nos divierte pensar que podríamos hacer todo incluso cuando no hagamos nada, que la simple progresividad de la vida nos lleva irreparablemente a un lugar mejor. La juventud en un valor en sí mismo y, por contra posición, la vejez es un contravalor. Peleamos contra el tiempo, el único enemigo invencible.