Todo paró y nació el amor… nació el amor

Ese jueves, como todos los jueves de mi vida, el reloj sonó a las 8. Como siempre, salté de la cama, apague la alarme del celular y me dispuse a leer emails y mensajes mientras hacía algo más de fiaca. No había nada. Me levanté, desayuné y sali al trabajo. 9 en punto estaba sentado en el escritorio de mi oficina. Prendí la computadora y volví a revisar mi celular, cosa que siempre hago mientras arranca la PC. Nada… ningún mensaje. Entre a Facebook “la aplicación no responde”, entré a Twitter, los últimos twits eran de ayer, entré a wathsapp, aún sin tener notificaciones… “la aplicación no responde”. Reinicié mi teléfono. La computadora arrancó primero. Entré a internet… “problemas en su conexión”. Revisé los cables, todo ok, el modem, todo ok, el router, todo ok… reinicié la PC. El celular seguía igual. No andaba ninguna red social. Seguramente era la señal. Probé usar el teléfono… “red móvil no disponible”. Debe estar caída mi compañía. Se inició mi PC… sin conexión. Levanté el fijo de la oficina… no tenía tono.

En eso llegaron mis compañeros de trabajo. Todos con el mismo problema. Fuimos al comedor de la oficia y prendimos el tele. “No signal”… en ningún canal. Llegó el jefe, a los insultos contra la compañía de celulares. Al entrar y vernos a todos parados se sorprendió. Le comentamos… intentó llamar del fijo. Nada. Los sistemas de comunicación y telecomunicación estaban caídos.

Salimos a la calle, veíamos a todos mirando sus celulares. Le preguntamos a dos chicos que caminaban sin despegar la mirada de las pantallas. Estaban reiniciando sus equipos porque no se conectaban.

El jefe me mandó a la casa central de la compañía, en pleno centro, para averiguar qué pasaba. Camino allá iba mirando a los demás conductores, todos el mismo patrón… desorientados mirando sus celulares, intentando llamar, insultando a las compañías. Encendí la radio… nada… no se escuchaba nada. Pulse “scan”… pasó cinco veces por el dial sin detenerse en una sola emisora. Al llegar al nudo vial de ingreso a la ciudad bajé el vidrio, le toqué bocina al conductor de mi izquierda, un pelado de traje que estaba luchando contra su celular. Le pregunté si sabía que pasaba, me dijo que no, pero que no podía llamar, ni escuchar radio, ni ver televisión.

Llegue al centro, la gente estaba en la puerta de los locales. Estacioné en auto en la playa se siempre. El Rodolfo (dueño o empleado de la playa) me dijo que estaba desde las seis de la mañana y que aparentemente desde las doce de la noche el sistema estaba caído. Caminando hacia la compañía me pude dar cuenta de que iba a ser en vano. Todos los comerciantes, empleados y transeúntes estaban en la vereda, desconcertados, charlando de lo que estaba sucediendo. No había señal… ni noticias de nada.

Recorrí varias cuadras viendo exactamente lo mismo… nadie tenía señal. En vez de irme a la compañía de teléfono me fui al Canal 9, canal de aire de Mendoza ubicado en pleno centro. En frente estaba la radio LV10, una de las más viejas. Al llegar ahí vi una muchedumbre de gente, tanto en el canal como en la radio. Fernando Hidalgo, el periodista estrella del Noticiero 9, estaba tan desorientado como nosotros dando explicaciones. Decía que tenían luz y energía corriente pero que no levantaba la señal, que no tenía forma de averiguar si quiera si en el otro canal de Mendoza, el 7, pasaba lo mismo. Pero era evidente, ya que ninguno salía al aire.

Volví al trabajo y todo seguía igual, le comenté al gerente, mientras intentaba hacer andar un fax de los años noventa, que ni siquiera funcionaban las radios. Estuvimos toda la mañana charlando con mis compañeros, pensando en qué podría estar pasando, la conversación comenzó seria, desde ataques hakers hasta posibles guerras, todo se desvirtuó cuando el Manuel habló de una invasión alien, estallamos en risa y todo se fue al carajo. Fuimos a comprar gaseosas y facturas. Ahí me di cuenta lo hermosa que era la Julieta… por primera vez cruzamos más palabras que nuestro saludo matutino de bienvenida y taciturno de despedida. El Ramiro trajo escondidas dos cervezas, no había mucho para hacer si no teníamos señal de nada. Buen tipo el Ramiro, gordo macanudo. Creo que si nos viésemos más seguido seríamos buenos amigos, tiene la onda de los pibes de mi grupo. El Omar me siguió pareciendo el imbécil de siempre, solo que esta vez el sentimiento fue general. El tipo era un tarado. Mi jefe se metió en el comedor…. todos nos quedamos callados. El Ramiro escondió las cervezas. Sin decir mucho, bastante transpirado por no poder hacer andar el fax, se desprendió la corbata y el primer botón de la camisa y le dijo entre risas al Ramiro que le convidara un vaso de porrón. Otra vez nos morimos de risa. Gran empresario mi jefe, pero mucho mejor persona. Seguimos charlando de todo un poco, a cada rato revisábamos los teléfonos… nada de nada.

Cerca del medio día el jefe nos dijo que nos vayamos a nuestras casas, que seguramente nuestras familias iban a estar preocupadas. Me ofrecí llevar a la Julieta a su casa, me dijo que si. En el camino la invité a almorzar, me contó que vivía sola, que si pasábamos un rato por lo de sus viejos a ver cómo estaban se podía tomar el día libre. Yo no tenía a nadie quién cuidar o rendir cuentas, así que pasamos un rato por lo de sus papás y nos fuimos a almorzar al centro.

Ya es de noche, el mundo está sumido en un caos total, nadie sabe nada de nada, seguimos exactamente igual que en la mañana. Hay desesperación en las calles. Todos están aterrados… todos menos la Juli y yo, que esta noche duerme en mi casa.