¿Voto táctico o voto ideológico?

En estos días se va a celebrar la elección de un nuevo presidente argentino y, como todos sabemos, Scioli, el candidato del oficialismo, va a ganar en primera vuelta si Mauricio Macri no supera el cuarenta por ciento del padrón electoral. Un pequeño puñado de votos pueden cambiar el escenario político de los próximos cuatros años, lo cual hace fundamental la decisión de cada uno de los votantes.

Es por eso que entre la semana se habló del voto táctico. Esto significa votar al candidato con mayores posibilidades de ganarle al oficialismo. Ósea, votar a Macri y así no dejarle ganar a Scioli en primera vuelta, dándole una oportunidad al candidato de Cambiemos de superar al kirchnerismo en una eventual segunda vuelta.

Como te podrás imaginar, hubo varias personas criticando el concepto de esta forma de usar el voto; se dijo que uno tiene la obligación de votar por el candidato más cercano a su pensamiento y no contentarse con hacer perder al oficialismo, tal cual pasa en los países normales, y a eso lo llamaron voto ideológico.

El problema del voto ideológico, creo yo, sintetiza el problema argentino con la política en general: ese es un pensamiento normal para un país normal, el cual se podría usar en Francia o en Chile sin mayores dificultades, pero nosotros, los argentinos, como ya tendríamos que tener en claro, no somos un país normal.

En serio, somos muy particulares. No en cualquier país del mundo el pueblo tiene la posibilidad de ver como un ex presidente abraza una caja fuerte al grito de “éxtasis”, haciendo uso de su habitual codicia por el dinero, y se lo premia construyéndole un mausoleo tan grande como el de San Martín. Y es que creo que los argentinos solemos hablar de política como si tuviéramos el parlamento sueco o alemán en el congreso, cuando en realidad nuestros dirigentes tienen más parentesco con la mafia siciliana.

Es por eso que necesitamos ser honesto con nosotros mismo y aceptar las circunstancias que nos toca vivir: no podemos darnos el lujo de votar a Massa o Stolbizer, y dejar ganar a Scioli en primera vuelta. Y digo esto sin poder afirmar si Macri va a ser mejor presidente que Scioli, pero prefiero jugármela con un nuevo gobierno y no conformarme con volver a tener los mismos ladrones de siempre.

Porque el problema no es ser un país pobre y con dirigentes corruptos; el problema es no querer dejar de serlo.

El peor legado del kirchnerismo es habernos convencido que todos nuestros esfuerzos para tener un país mejor, todo lo que podemos dar y todo lo que somos, solamente merece un país con narcotráfico, inseguridad inflación, caer en default, una pobreza del treinta por ciento, acostumbrarnos a ver gente pobre arreada como ganado por punteros políticos, tener fiscales suicidándose de siete apuñaladas en la espalda.

Nos han hecho creer que somos una mierda y que, por consiguiente, solo merecemos comer mierda. Intentemos hacer un futuro mejor,