Los Nacimientos Celestes

A_monastery_in_tibetEn el Tibet cuando una persona fallece se tiene la costumbre de despostarla y entregársela a los animales de las montañas, como alimento. Se llama Funeral Celeste. Una manera poética de deshacerse de un cadáver engorroso, devolverlo a la Tierra, para que nutra con su carne a la Naturaleza. También es un acto práctico, ya que el suelo está siempre congelado y la tierra de por sí es muy dura, entonces es una ganancia por el lado que se lo mire. Me quedo con la noción de Gaia, la Madre Tierra que nos alimenta y la alimentamos.

Que el cuerpo pesa 21 gramos menos, que la gente que volvió de la Muerte vio a sus seres queridos al final de un túnel blanco, que la luz les hablaba…. ¿Hipoxía? ¿Ángeles? ¿Adónde vamos a parar? Cuando nos morimos me refiero, obvio. No lo sabe ninguna religión, solamente especulan, conjeturan en base a libros vetustos. Prometen vírgenes e hidromiel, la paz eterna, sentarse a la derecha del Señor y un sánguche de mortadela y queso, con mayonesa, en una tortita raspada. Lo que es seguro, lo único verdadero es que vamos a mirar las flores crecer desde abajo, todos, ni uno se salva.

Somos partículas del Cosmos, átomos hechos de jirones de piel, huesos y tendones. La sangre matriarcal fluye por el río de las venas. Este conjunto de partes orgánicas está movido por un motor que cuando se va, solo queda la marioneta rota, sin hilos. Eso dicen algunos. Solo queda una cáscara vacía, lo sustancial ascendió a los Cielos, descendió a los Avernos, pasó a otro plano, reencarnó… Eso dicen.

Pero eso realmente no importa. Lo que sí vale es que dejamos una cáscara vacía. Carne trémula (mi Almódovar) diligente con los gusanos. Condenada a la inservilidad, dentro de madera, bronce, mármol y flores. Un cuerpo muerto, pudriéndose, con un tesoro en su interior, refulgiendo orgánicamente, como un jazmín hecho de sangre y tendones.

Un riñón, los dos; un corazón, córneas y no sé cuánto más.

Síndromes, defectos congénitos. Enfermedades que le pondrían los pelos de punta a Sócrates. Avanza la maquinaria de la Salud: análisis, estudios, esperas eternas en el pasillo del hospital, rezos entre dientes apretados mientras, afanosamente, los profesionales del caso intentan subsanar el mal. Entonces cuando no funcionan los antibióticos, tratamientos, homeopatías, etc., puede suceder que el cuerpo necesite un parche, un nuevo órgano. Entonces se recurre a la Vida dentro de la Muerte. Se recurre a la Donación de Órganos.

Muchas personas esperan el milagro de un órgano donado, lo esperan ellos con sus familias, en sus soledades antes de dormir. Anhelan ausentarse de los dolores y las angustias. Esperan lo que, lamentablemente vendrá del dolor, de la desazón, de la muerte ajena; de una vida arrebatada a su gente. Los órganos provienen de gente muerta y de familiares que aún en el abismo de un entierro tienen la entereza de la solidaridad más dura.

Él muerto es solo un muerto, no es más que eso. Técnicamente es lo mismo que un cuarto trasero colgado en el gancho de una carnicería, el mismo concepto. Del muerto queda lo más precioso, queda su impronta, su recuerdo; es mejor recordar una sonrisa que dejar una flor inútil en el jugo cadavérico. Los que se van nos dejan su amor, inmortal, eso nunca se acaba.

Su cuerpo no importa.

Nuestro cuerpo no importa, valen solo los pixeles de nuestros seres queridos guardados en nuestra placa madre cerebral. Un recuerdo cura, acompaña, sana. La voz de mi abuela que resuena en la cocina, años después, llamándome a tomar la leche y ver “El Escuadrón Diabólico” (bendito Patán y sus medallas). Encontrar una corbata del viejo y saber que la usó para el acto de la primaria donde bailé un psicodélico chamamé. Sentir el aroma a almendras y Nivea de mamá cuando apoyo mi cabeza en su regazo que no está, que nunca está. El bongó del Julito, imitando a Chepito Arias, repicando en la madrugada, mientras los vecinos llaman a la policía… Mi amigo Julito… Eso es lo que cuenta, lo que salva. No la lápida estremecedora, el malvón de luto y el esqueleto de quién ya no es.

Entonces ¿por qué cuesta tanto donar órganos? El INCUCAI debería ser un ente con más poder que la AFIP, con más recursos que la Cámpora y más reconocimiento que un Superclásico de River y Boca.

Los prejuicios, la moral, la religión, el egoísmo latente, presente; la vanidad, la ignorancia, la apatía, la desidia. Todo eso manejando lo que podría ser la Vida en la Muerte.

¿Qué mejor homenaje para el que se fue que generar vida y amor curando así el dolor de la ausencia?

Una persona, un desconocido, vivirá, tendrá una nueva oportunidad para amar, ser mejor persona, podrá convertir su cercanía a la Parca en un abrazo a la Vida

Un Funeral Celeste, para la Naturaleza está bien; un Nacimiento Celeste, en cambio, para el Otro, el desconocido, es mejor.

Sana saber que nuestro ser amado está latente en otro organismo, sirviendo para el amor. Un Nacimiento Celeste, parir Vida a través de la Muerte.

INCAIMEN (Instituto Coordinador de Ablación e Implante de Mendoza)

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