El mundo de hoy, o mejor dicho, nuestro mundo de hoy

Las novelas personales, provinciales, nacionales y mundiales, los diarios con sus malas noticias, el dólar siempre sube, las exportaciones bajan, los vecinos barren, nosotros no tenemos tiempo. El celular da luz antes que el sol, la computadora prendida antes que la persiana abierta. Ya no se usan las pantuflas, mucho apuro, las obligaciones antes que las emociones. La libertad diluida en el vaivén de la economía, las duchas ya no son relajantes sino acciones programadas. Los sueños ahora solo llegan a ser diplomas, escritorios y consultorios, aunque requieren esfuerzo, demás está decir que no vienen con envoltorio. La valentía es el miedo a la cobardía, las frutas son para los que hacen dieta, las plazas para los perros, las bicicletas para los atletas, las reposeras para los viejos, la risa es del payaso y el llanto para el fracaso. La ternura es un cachorro, los platos se lavan mañana, los amigos para el fin de semana. Las estrellas se ven en el campo, la música se escucha en el celular y los besos se suplantan por emoticones. El sexo es pornografía, el texto es un mensaje, las lapiceras son reliquias. El amor es en febrero, es algo pasajero y vuelta al ruedo. La ayuda es un documento con intereses, los pobres viven lejos, el oro marca la hora. El rosario está de moda, la familia es de los domingos, los caballos son de carrera. El comunismo es para el universitario, el socialismo para el que empieza y el capitalismo para el sostén de familia. Las verduras son del supermercado y el valor de la palabra del pasado, ahora se firma. Los sicarios tienen contrato y sindicato, los buenos son solo futbolistas y las buenas salen solo en revistas. Las conclusiones son inducidas y razonar es anarquista. Los límites son limitaciones y las modas mal formaciones. Las drogas son malas, la coca cola cada día más cara, las iglesias son construcciones, las religiones ficciones, los pecados obligaciones. La verdad al psicólogo, los libros se escuchan y la tele no se desenchufa.

Nuestro mundo, el que queremos ver, nos cambia espejitos de colores a cambio de nuestra voluntad. Esconde lo verdaderamente importante, hermoso, pacífico y armónico de la vida.

El mundo en el que vivimos nos aleja del para que vinimos. Los días son oportunidades, las estructuras son moldeables, el alma indominable.

Escrito por Juan Manuel Augusto