Interregno: el mundo entre lo que fue y lo que nunca termina de llegar.

Manuel Castells

En marzo de 2001, el sociólogo catalán Manuel Castells, después de 21 años de enseñar en la Universidad de Berkeley, San Francisco, volvió a Barcelona. El escritor, que mostró en qué se iba a transformar el mundo en la era de la información, en aquel año dijo: “Internet es el tejido de nuestras vidas. No es futuro. Es presente. Es un medio para todo. Internet es la sociedad, expresa los procesos sociales, los intereses sociales, los valores sociales, las instituciones sociales”.

Para entender la magnitud de lo que decía, recordemos que Facebook nace en 2004 y en 2007 se tradujo su plataforma ya universal al español. Si nos fijamos en cualquier Perfil criollo, los más antiguos se crearon entre el 2008 y el 2009 (8 años después de que Castells dijera lo que dijo). O sea que en el 2007 internet era para el mundo: Yahoo, Altavista Digital, Hotmail, Messenger, etc. Y si nos vamos a marzo de 2001, teníamos el Windows 2000 o el Milennium, todos teníamos una cuenta de Hotmail o de Yahoo con diez megas de capacidad, ya había pasado hacía un año y tres meses el fin del mundo que nunca fue, los que tenían celular usaban los modernos modelos de Motorola Startac, los Nokia 6160 o los 3210, el Kyocera QCP6035, o el primer teléfono que pasaba de la pantalla en blanco y negro a la monocromática, el Handspring Treo 180,  en el cine se estrenaba Hannibal, K-Pax, Harry Potter y la Piedra Filosofal, y El Señor de los Anillos, la comunidad del anillo… Bueno, y Chiquititas, Rincón de Luz, y El Hijo de la Novia.

Las Torres Gemelas se derrumbarían 6 meses después, aún eran el sólido símbolo del capitalismo y cualquiera imaginaba que sobrevivirían hasta una guerra nuclear en el año 5000. Y sin embargo en los primeros días de marzo de ese año Manuel Castells dijo eso. Y además dijo que esta nueva sociedad-red ya no sería una sociedad de clases, sino que sería una sociedad de exclusión-inclusión.

El 11 de marzo de 2001 recuerdo que yo leía esto y no entendía bien qué quería decir con lo de “exclusión-inclusión”, ya que el término de “Exclusión Social” nació en el 70 en Francia y lo usa por primera vez un ministro francés, René Lenoir, para referirse a la población occidental privada de los mecanismos de protección y contención del gobierno. La exclusión social no tenía nada que ver con el futuro de la “aplicación” de Internet en el futuro. Internet era un servicio, era como decir que la telefonía móvil crearía una sociedad de exclusión social.

En el 2007, en Aparecida, la Iglesia habló de su preocupación por “un nuevo fenómeno peor que la opresión y la explotación: La exclusión social”, que si bien refería el término al concepto francés de la palabra Exclusión, aquella refería a los oprimidos y a los explotados. Entonces, ¿a quiénes refería la Iglesia cuando ponía el término de Exclusión aún más abajo que a los que rescataba la Francia de los 70?

Lentamente iba asomando sobre la superficie el fenómeno mencionado por Castells. En 2008, el hoy Papa Francisco, en ese entonces cardenal Jorge Mario Bergoglio le dio una vuelta más clara al concepto cuando en el cierre de las Jornadas Arquidiocesanas de Pastoral Social dijo: “Hablamos de opresores y oprimidos, pero no nos basta. Luego añadimos incluidos y excluidos, y no nos basta. Tenemos que añadir otro matiz, gráfico y duro, los que caben y los que sobran…”.

Cuando Bergoglio habla de los “opresores” implica el poder, cuando habla de los “incluidos” implica los privilegios, pero cuando habla de los que “caben” implica casi a la suerte, a los que pudieron entrar. Aunque se refiere a los pobres, en el término caber y sobrar no hay distinción entre ricos y pobres.

Zygmunt Bauman es uno de los pensadores vivos más importantes que nos dejó la segunda mitad del siglo XX. Este sociólogo polaco dice que “Facebook significa que nunca estás solo”.

Ahora la gente provee información de manera voluntaria. […] Uno de los mayores temores en la época contemporánea, que atormenta a las personas, que causa pesadillas, es el miedo a ser excluido, abandonado, a quedarse solo, ser dejado en la oscuridad. […] Estamos dispuestos a sacrificarnos para escapar a la amenaza de ser abandonados, excluidos. Para ser reconocidos. Estamos viviendo a través de esto, no como un acto de esclavitud o represión sino, por el contrario, como un acto que hace posible que nos liberemos. Ahora tenemos la posibilidad de estar constantemente en compañía, podemos dejar de temer a ser abandonados”.

Bauman habla de exclusión y abandono, y lejos de asociarlo a la marginación social, lo relaciona con la red, con Internet. “Es asombroso para mí —dice Bauman, que estuvo exiliado en Rusia, que fue comunista y que hasta trabajó en la KGB (según él) como administrativo—. Todos los servicios secretos de la modernidad sólida, la CIA, KGB, Stasi, no son capaces de juntar tanta información sobre nosotros como la que voluntariamente les ofrecemos. […] Nosotros estamos brindando nuestra información personal, por la cual no sólo no tienen que pagarnos sino que estamos nosotros pagando el privilegio de ser espiados. Es asombroso cómo ha cambiado la mentalidad a lo largo de mi vida. Ahora la gente provee información de manera voluntaria”.

Zygmunt Bauman

Bauman, polaco, vivió exiliado en Rusia y fue comunista. Su definición más importante la plantea en su libro “Modernidad Líquida” donde explica que la modernidad de hoy se adapta a la forma contemporánea, a diferencia de antes donde la forma era sólida y el porvenir estaba contenido por una matriz ya existente. Antes el porvenir era previsible, y al mismo tiempo manipulable. Hoy no hace falta la manipulación porque no hay una matriz que le de forma al porvenir. Antes se planificaba en la estabilidad monótona y controlada que daba sentido de pertenencia y poco campo de maniobra para los cambios. Hoy se puede modificar la realidad que se vive varias veces sin enfrentarse con la forma establecida ni con ninguna reacción social, pero esa misma actitud indiferente del contexto social nos lleva a caminar en la incertidumbre y la soledad, con una libertad hiperventilada por la ausencia de cualquier límite.

Rómulo

Bauman compara la Modernidad Líquida con el “interregno”. “El interregno fue planteado por Titus Livius en la Roma Antigua. El primer rey legendario de Roma fue Rómulo, que reinó 37 años, que era el promedio de vida de la gente común en ese momento, lo que significa que cuando murió había muy poca gente que recordaba a Roma sin Rómulo. Consideraban la presencia de Rómulo, quien daba órdenes y establecía reglas, como un estado natural del mundo. Entonces, luego de su muerte hubo una gran confusión. La única fuente de sabiduría desapareció. Aprendieron maneras de vivir la vida, ya que no había una autoridad suprema, pero los nuevos no habían sido anunciados aún. Este es el estado de interregno. En tiempos modernos, Antonio Gramsci, el gran filósofo italiano, actualizó la idea. Ya no lo conectaba a la muerte de un rey y otro sin nombrar aún, sino que era una situación en la cual las viejas costumbres ya no funcionaban, eran poco fiables, pero la nueva situación, más efectiva, más adecuada, no se ha inventado todavía. Estamos en un estado de interregno. Un estado de interregno es líquido porque no hay continuidad. La discontinuidad es tan frecuente como la continuidad, por lo cual no se puede confiar en que lo que pasó ayer pasará mañana del mismo modo. Estamos viviendo en otra condición de incertidumbre continua, permanente”.

En esa incertidumbre hoy está la humanidad entera, mirando con mejor detalle que nunca en la historia todos los sucesos del mundo moderno en el instante y sin poder reaccionar a pesar de ello. Bauman dice que las clases medias se están diluyendo dando lugar poco a poco a una “clase precarizada”, una clase inestable que no se anima a experimentar y que perdió la audacia. “Lo que distingue a la clase precarizada es su falta de confianza en sí misma. Ya no están seguros de sí mismos, de la estabilidad, de la posición en la sociedad, de la duración de sus logros, de sus logros en general. También los distingue su miedo disipado e inespecífico. El miedo a perder, de perderlo todo. Pueden perder a su pareja, pueden perder su trabajo, pueden perder su fortuna, pueden perder todo aquello por lo que trabajaron”.

“No se unen entre sí. Cada uno sufre por su cuenta. Y esta clase de sufrimiento no los lleva a unirse, a desarrollar solidaridad con sus pares. Al contrario: los ubica como competidores. Compiten por el mismo trabajo, por las mismas oportunidades de sobrevivir el próximo round de austeridad, el próximo round de economías, por lo cual hay pocas probabilidades de transformar esta categoría de población en una clase social”.

Erich Fromm

Esta misma situación es la que explica Erich Fromm que sucedió en el Renacimiento, cuando nace el Capitalismo y aparecieron nuevas situaciones donde los de las clases bajas podían ascender a la burguesía, pero a costa de perder su grupo de identidad. Esto hizo que las personas desconfíen de sus entornos y comenzasen a enfrentarse entre ellos. Ya no crecían como clase, sino que competían como actores móviles que podían pasar de una clase a otra varias veces en una misma vida, algo impensable antes cuando el herrero tenía un hijo que también sería herrero, como el nieto, y el bisnieto.

“…desde el Renacimiento hasta nuestros días —cuenta Erich Fromm en “El Miedo a la Libertad”— los hombres han ido adquiriendo una ardorosa ambición de fama que, aun cuando hoy nos parece muy natural, casi no existía en el hombre de la sociedad medieval. En el mismo período los hombres desarrollaron un sentimiento de la belleza natural que antes no poseían”.

Ese mismo narcisismo incipiente, esa misma situación de individualidad y competencia que surgió con el comienzo del Capitalismo tenemos ahora. La misma incertidumbre, la misma ruptura del grupo social, la misma soledad. Y la explicación podría estar en que cuando apareció el Capitalismo tardó la historia en darle una forma social y concreta, y en aquellos tiempos también se vivió una Modernidad Líquida de la que habla Bauman, un “interregno” como el de Gramsci.

Cuando preguntan por qué conmueve el niño ahogado en las playas europeas y no lo consiguen los niños de nuestro país, de nuestra provincia, que se muere de hambre y de necesidad, la respuesta sería porque la humanidad está viviendo el nacimiento de una nueva etapa, la muerte de un sistema —que podría ser el Capitalismo— y el nacimiento de otro que todavía no llega, y eso nos paraliza y nos encierra en nosotros mismos. Cuando miramos impávidos la corrupción, la guerra, los abusos, creo que no hacemos nada porque ya no creemos en los que representan aquellas ideas que seguimos alguna vez. Incluso ya dudamos de algunas de esas ideas que fueron tan sólidas para nosotros en otros tiempos. La derecha y la izquierda ya se diluyeron ideológicamente en la verborragia política, y no responden más a los ideales sino a la cultura popular: mi familia es culturalmente de izquierda, mi familia es culturalmente de derecha. Ambas posturas se tocan en los extremos y, lamentablemente, gobiernan con las imágenes y las apariencias amorfas de la modernidad líquida.

Habrá que estar atento para cuando vuelva a aparecer un Manuel Castells que nos explique hacia dónde nos estamos dirigiendo como movimiento humano, como civilización, y como destino. Y esperemos que no acierte con la respuesta que dio cuando le preguntaron:

“¿Qué echaremos de menos cuando volvamos la vista atrás?
El no habernos sentido humanos en su conjunto.”