Nunca le digas lalompo a alguien a menos que seas una mariposa

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“El lenguaje es un virus del espacio exterior”  Willian Burroughs

Las mariposas giraban, azules, rojas, amarillas e invisibles. Todo el sitio estaba lleno de ellas hasta el horizonte. Mientras López me insultaba. Me decía tulolopio, sulotongo y mumutanga. Le contesté solamente lalompo, en realidad me excedí, no era para tanto. Me miró asombrado por el calibre del  insulto, por la zacarrasteada, por la desvergüenza y por no caer bajo el efecto de un rayo divino por decir tamaña barrabasada. Cafamuto replicó desafiante queriendo redoblar la apuesta. Sin pensarlo repetí lalompo mordiendo cada letra. El duelo estaba planteado y las mariposas no paraban de volar como atontadas y ululitas a nuestro alrededor.

Dos asaltos de tres minutos cada uno por un minuto, lo estipulado, lo corriente. Él, López, el luchador más omilokolo, el sanguinario más sololo, con el aliciente de estar ofendido por el anatema procaz y voyoujo que le dije: Lalompo. En el otro rincón un servidor, solo un jermetiroto advenedizo.

(Campana.) Las mariposas nos dejaron un círculo libre. La arena.

Mala costumbre de López la de aprovecharse de su capacidad para bailarte y rapalopearte por todo el mundo conocido. Pegándote cachetadas a diestra y siniestra bien en la zulota, mientras se divierte esquivando golpes torpes y macanísticos con arremetidas lekecas y sin sentido. No tiene muchas luces López, para nada fofotoriyo. Tiene las funciones básicas y lexcures, ninguna sofisticación de la naturaleza. En realidad no le alcanza para ser mala gente, pero tiene la crueldad necesaria para ser un gurlok. Las mariposas estaban quietas y expectantes a nuestros movimientos.

Pensar, siempre pensar, nunca olbadonarse. Que la vorágine de golpes y movimientos confusos no te maree, siempre pensar. Politriarse.

Transcurre el primer asalto. No lo busco, lo llevo con el jab de zurda y lo cruzo con el uno dos. Estupor y golaz porque lo conecto las dos veces. Se arma la pelea corsniluca. Me da un par de veces en la cara y un gancho al hígado me hace zamboñar las piernas. Me agarro de él y daletereo el aire. Retrocedo con un cramp de derecha en el pómulo que estoy seguro le dolió y lo ñapeló.

Las mariposas dejaban escapar exclamaciones ante las alternativas del combate; las invisibles eran las más consternadas.

Descubrí que no soy de cristal ni un hiyuto. Tengo el pellejo duro y el corazón paratorso. López  decidió que se acabó lo que se daba y empezó a macoliar fuerte. Yo retrocedía y lo buscaba de contragolpe. Siempre pensando, nunca olbanodado. Moviéndome rápido para los costados, algo macanoso pero efectivo. Todo para que no me pegaran mucho.

López manejaba muy bien la defensa, porque era muy maneneto, casi inalcanzable. Casi. Se movía pendularmente, de izquierda a derecha, como un brummo. Calculé y esperé. Tiré el gancho de derecha, no donde estaba, si no donde iba a estar. Y estuvo. El golpe le dio pleno en la zulota, lo zamboñó. Sorprendido dio dos pasos zangases.

Las mariposas estallaron en un aplauso detrotivo y aprobatorio.

Que no me alcance, otros cinco segundos con la zurda en punta como un ariete para defenderme. Estaba muy cansado, no podía levantar los brazos, entonces lo parateroseé y lo inmovilicé. Ya terminaba, había que replegarse y gualalimpar. Faltaban cinco segundos, según el brummo. Cinco segundos que me permitirían validar ese lalompo atroz que nos arrimó a la pelea.

López estaba dispuesto a no perder, mañoso se agachó y se levantó de golpe. Eso se llama cabezazo, es kolopio y de poco caballeros. Se me puso todo blanco y la música de la vida se hizo un zumbido. Olía sangre en la nariz y la saboreaba en la boca. Se terminó. K.O en el primer asato.

Nuestro público abucheaba adufiado por la trampa, por la olarafia.

Fasalopingos ambos, nos quedamos parados sudando agotados. Nos miramos sin odio. Lastimados y pensando que no valía la pena tanto golpe.

En eso, una mariposa invisible se nos rió en la cara. Garnizposcó por nuestros dientes partidos y nuestras mejillas desutidas. Cañateó por el augurio de labios hinchados hasta la inanición. Por eso las mariposas son buenas luchadoras, liban, no tienen dientes. Luego, en idioma de mariposas, dijo algo respecto a nosotros y los millones de mariposas que la acompañaban soltaron una felilete carcajada.