Vos te quejas… ¿y qué harías como estado con los planes sociales?

No hay nada más fácil que quejarse, que ser oposición, que tirar piedras de la vereda de enfrente. Es fácil convertirse en un “opinólogo”, un ideólogo, un “solucionador” de problemas ajenos, un protestante del oficialismo dirigente. Para opinar todos somos Gardel con guitarra eléctrica, todos hemos ido a Harvard, somos “licenciados en todo”. Siempre que estoy en un debate político insto al otro a ponerse en el lugar de Estado, como ente que debe velar por su pueblo.

Me canso de escuchar comentarios como “los planes sociales no sirven”, “fomentan vagos”, “son para comprar votos y voluntades” y sumados a barbaridades de tintes nefastos como “negros de mierda”, “villeros”, “planeros” y un largo etcétera de horrorosos adjetivos. Y siempre arrincono en el debate preguntando… “¿vos qué harías cómo Estado?”.

La respuesta más básica del más básico de los discutidores, genios de la empatía, es aludir a la quita de los mismos. Sinceramente cuando la discusión llega a este punto ambas partes caminan en terreno yermo. Probablemente esa persona tenga una visión bastante hitleriana de cómo erradicar una villa miseria, así que ahí nomas doy por perdida esa batalla y finalizo el debate o cambio de tema.

La respuesta más pensada y relativamente sincera, de la que se agarran muchos de nuestros actuales políticos también, es el tema de fomentar algo a cambio, como trabajo, de un intercambio, plan social o guita por trabajo. “¿Y qué tipo de trabajo le ofrecerías?, pregunto”… y ahí surge una hermosa lista de interesantísimas actividades, como ir a levantar papelitos y mugre al costado de la ruta (así como hacen en Sanluí’), limpiar las cárceles, pintar los edificios públicos, recoger la basura de las calles, limpiar veredas, reciclar porquerías, hacer sillitas de mierda, y un largo etcétera de brillantes actividades donde indiferentes primates tercermundistas deben de ornamentarnos el mundo a nosotros, los capacitados, estudiados y bien alimentados europeos. Ahí nomás pregunto si nos gustaría que cualquiera de esas fuese nuestra actividad principal, nuestra forma de llevar dignidad al hogar. La respuesta es “no, porque para algo estudié”, “no, porque para algo me rompo el culo trabajando” o “si, porque es trabajo, si lo necesito lo hago”. Ambas respuestas, una nuevamente primitiva y la otra más atinada, tienen una misma raíz: la educación y la cultura.

El debate puede moverse hacia el tema fuentes de trabajo y generación de trabajo genuino, lo cuál lógicamente esta en decadencia. No hay políticas firmes para la generación de trabajo privado, apoyado por el Estado, donde concentrar la masa de desocupados. Esta es la una de las grandes diferencia entre el “Peronismo de Perón” (el posta) y el Peronismo de los últimos años, pero este es tema de otra nota. Marco este punto porque, llegado el caso, ¿la gente que recibe los planes está capacitada para ejercer un trabajo que requiera mayor complejidad?, ¿Puedo traer un pibe de 25 años que aún no termina la primaria a llevar la administración de una bodega?, ¿puedo encargarle el sector financiero a un muchacho de 30 que no sabe las tablas?, ¿puedo darle esos trabajos que yo considero dignos a alguien que lleva diez o quince años excluido del sistema? Dudo que se pueda, siempre hay un porcentaje de gente que lo hará bien, pero en términos generales puede ser un fracaso laboral. No entiende de Borges alguien que recién aprende a leer.

Y he aquí el meollo del asunto, nos debemos retrotraer al pasado, la generación de puestos de trabajo es importante, pero claro está que no es la solución definitiva. Quienes se quejan de las asignaciones y los planes son personas que han tenido posibilidades en la vida, buena alimentación de niños (leer los estudios y la lucha del Dr. Albino), familia bien constituída y relativamente sólida y fundamentalmente educación. La educación es el cimiento de toda sociedad evolucionada y la alimentación es la punta del ovillo que ayuda a que una persona pueda asimilar esa educación.

Un niño bien alimentado desde que nace, con posibilidades de educarse desde la infancia hasta terminar en una facultad, tiene infinitas posibilidades contra alguien que vive en condiciones decadentes desde siempre, mal comido, mal educado, solo y con núcleos familiares complejos. Tiene posibilidades de pensar que “regalar” plata está mal o que esa persona debería “trabajar para ganarse esa plata”, cuando esa persona claramente no tiene las mismas concepciones de la vida, en nada.

El Estado tiene el deber, la obligación, la suprema misión, el objetivo fundamental de velar por los Argentinos desde que nacen, fomentando su alimentación y educación a como de lugar, invirtiendo, generando, REGALANDO si es necesario lo que sea con ánimos de que esa generación pueda tener posibilidades y futuro en la vida. Acompañar los primeros diez años de un niño va a generar un joven pujante y un adulto eficiente, ese es el deber primordial del Estado. Esa es la solución a largo plazo, a futuro, algo que debemos de hacer desde ya, para que dentro de 10 o 15 años esos chicos tengan futuro y quizás dentro de 20 o 30 nos dirijan. Pero entonces compañero… ¿qué hacemos con la gente mayor de 18 a los que ya “se les pasó el tren”? Aquellos que no tuvieron ninguna de las posibilidades que yo tuve. ¿Qué hago como Estado con esa gente? ¿Qué hacemos con quienes hace 10, 15, 20 años viven olvidados, marginados, rechazados, escondidos?

Rápidamente los prohitlereanos emiten su nefasta y repulsiva opinión, la cuál ni siquiera vale la pena suspirar para intentar explicar lo equivocados que están. También cabe la posibilidad de “esconderlos”, así como hace Brasil, amurallándolos, controlándolos y generando un núcleo de odio hacia “los otros” que el día que estalle vamos a padecer la más cruenta guerra civil entre hermanos, ¿y qué queda? Nada… no queda nada.

No podemos olvidarnos de nuestros hermanos, porque son Argentinos, y porque no tuvieron las mismas posibilidades que nosotros. Como Estado hay que ayudarlos como sea, hay que intentar general algo en ellos, hay que hacer el esfuerzo porque de alguna manera puedan prosperar, puedan llevar adelante una vida digna, es mentira que juntan fortunas sin trabajar, no ahorran con los planes, sino que lo gastan todo en la diaria. El Estado no tiene otra alternativa más que atinar a ayudar, a mejorar las condiciones de vida como se pueda.

Entonces… ¿Son buenos los planes sociales? No lo sé, no se sin son la mejor opción, pero sin dudas son mejor que cualquier opción planteada hasta ahora. ¿Se podría hacer algo mejor por quienes los reciben? Calculo que si, siempre se puede mejorar, pero hasta ahora ningún gobierno propuso algo más digno.

No podemos pensar en qué haríamos nosotros en el caso de ser ellos, sino en qué haríamos como Estado si tuviésemos que ayudarlos, porque claramente nosotros tuvimos otras posibilidades, que ellos no. Como corolario a esta marea de opiniones que les acabo de escribir, les dejo una frase de “Canción de Navidad” de Silvio Rodriguez que resume algo de lo que pienso:

“Tener no es signo de malvado y no tener tampoco es prueba de que acompañe la virtud. Pero el que nace bien parado, en procurarse lo que anhela, no tiene que invertir salud”.