La calma

La alzó con delicadeza,
y en la rompiente del llanto
la acunó con tanto encanto,
que aunque su cara empapaba,
cesó el grito
no lloraba
abrió sus ojos un tanto
y pareció descansada al ver que su mamá andaba
arropándola en su canto.

Y se quejó
sólo un poco
sólo una tos, un gemido
más parecido al de un gato
y así se mantuvo un rato
sus ojos haciendo fuerza
sus puñítos apretados
hasta que el sueño del cielo
como mantel en el aire sobrevolando la mesa,
cayó sobre la belleza de sus ojos ahora libres,
pero cerrados, sin fuerza
sus manitos aflojadas
empapadas
transpiradas
y el soplo del propio aliento
de la boca de la madre
fue secando los sudores
en una secuencia eterna
para que su beba se calme
se mueva un poco
y se duerma.

acunarbebe2