La pésima opción de “quemar etapas”

El hombre atemporal esta configurado genéticamente para reaccionar de maneras similares. Si bien todos somos distintos, hay un patrón genético en las actitudes, las reacciones y la evolución que nos marca y nos define como seres humanos pensantes y racionales.

Mucho depende de las responsabilidades y las características, la costumbre social en la que un ser se desarrolla. Por ejemplo, la concepción del matrimonio en occidente es completamente diferente que en oriente. Pero en el fondo, todos seguimos una misma línea, obviamente que siempre hay excepciones. Es de esas excepciones que vamos a entrar en detalles.

Quiero hablar puntualmente de los hombres porque es el tema que me compete y por contener la condición de serlo (igualmente mis ejemplos son plenamente aplicables a las mujeres, solo cambiando el objetivo). Me voy a centrar en los estragos que causa en el hombre el hecho de quemar etapas, incluso como le juega en contra aún siendo de un nivel social elevado o teniendo un poder adquisitivo excepcional.

Opino que es fundamental que el hombre pase por cada una de las etapas que están configuradas para una vida común, que las sufra y que las viva en carne propia, ya que esto lo ayuda a crecer, le ayuda a no cometer los mismos errores en el futuro y sobre todo lo ayuda a que vaya de la mano su madurez y crecimiento con la etapa por la que pasa, porque cuando “madurez” y “etapa” se sueltan de la mano se avecina la catástrofe, la inmadurez. El tema es que si la etapa no se transita en el momento adecuado, no desaparece, sino que aparece en el momento inoportuno y ahí es cuando aparece la ridiculez, el absurdo, el relajo, el asco o la tremenda consecuencia de perder la personalidad. Cada cosa tiene que darse en su debido tiempo, sino es grotesco, pero además de grotesco, si se hace pasado, es ridículo.

Entonces nos encontramos con niños que son gastados en la primaria y dejados de lados por ser gordos, cabezones, negros, petizos (o todas juntas que es un castigo) o cualquier defecto físico que cargue. Esto es importante que le pase, para que se de cuenta que sociabilizarse es un desafío y lo tiene que superar. Del resultado de su capacidad para recibir estos embates y darle curso, se va a ver marcada toda su vida. Esto define su tenacidad, su astucia, su rapidez mental, su autoestima, activa su mecanismo de defensa y entiende que vive en una jungla. Si lo gastan de grande sin haber vivido esa etapa, sin haber sido víctima de chico, el grado de aflicción va a ser inmensamente mayor y no va a saber esquivar de la misma manera. Se va a creer todas las gastadas y las va a absorber, porque ser el hazmerreír nunca lo había padecido. Esto puede evenir en depresión o suicidio.

Llegamos a la pre-adolescencia, período marcado profundamente por las relaciones sentimentales. Fundamentalmente prevalecen las relaciones de pareja. Primeras masturbaciones y “cosquillitas” precoces, primeros besos “de pescadito”, primeros amores de barrio, primeros desamores de escuela, primeros chamullitos baratos, primeras compras de ropas para “vernos facheros”, primeros cambios de look, primeras “mentiritas piadosas” sobre quien “chapó” más en la matiné, etc. Todo esto es hermoso, divertido, admirable y propio de la edad. Todo hombre debe de pasar por estas etapas y debe verse envuelto en cada una de ellas, con sus aciertos y frustraciones. ¿Y que pasa si no hacemos y padecemos de todas estas cosas en esa etapa? Descubrirse de grande puede devenir en el ostracismo y fanatismo por la autosatisfacción, si no hemos besado tenemos trastornos psicológicos, comenzar la vida sexual de grandes también acarrea trastornos, si no nos hemos enamorado de chicos no tenemos vida, si no hemos sufrido un desamor, el primero va a ser catastrófico, sino aprendimos “que se dice y que no se dice” en un cortejo, nos va a costar horrores comenzar a filtrear de grandes, si seguimos cambiando de look a menudo, vamos quedando como viejos chotos, si seguimos mintiendo con las minas que nos levantamos pasamos de “ganadores” a “infelices mentirosos” y así con cada una de las cosas que no nos pasó de adolescentes.

Hay tiempo para todo y cada momento hay que vivirlo como único, sin vergüenza al que dirán, porque si no lo haces hoy, es un deseo reprimido que tarde o temprano te va a volver a dar ganas de hacer y cuando sea tarde, siempre, pero siempre, vas a generar repudio, risa o lástima.

Esto es una opinión personal, pero ¿acaso no es medio ridículo ver a un setentón andando a 40 km por hora en una cupe último modelo? ¿No es cómico ver un vejete canoso con una pendeja operada? ¿No te da risa ver un cuarentón en un auto escuchando electrónica al palo y haciéndose el bolichero? ¿No es tragicómico ver a un tipo que pinta canas vestido como un pendejo, con chupines, cortes locos, remeras ajustadas y toda la pelotudez de un veinteañero? ¿No da cosa ver un viejo en un boliche de pendejos, sudado, enfiestado y liquidado? Y no se trata de una cuestión de gustos, cuando el gusto se da fuera de término pasa de ser una gustada o un fanatismo por algo a transformarse en algo ridículo, absurdo, sin sentido. Todo esto es el resultado de haber quemado etapas, de no haber vivido a pleno, de hacer las cosas “fuera de lugar”, entonces genera que aquello a lo que tanto temimos, lo que tanto nos preocupó, hoy se haga palpable, latente y a simple vista. El maldito “que dirán”…

Creo que hay que vivir cada instante a pleno, darse los gustos en tiempo y forma y aprender que en cada edad hay un amplio abanico de cosas para hacer y gozar, si bien nada está escrito, hay cosas que son indignas y es preferible evitar.