El único motivo de la fidelidad

Antes que nada quiero aclarar que soy ferviente pensador de que nadie es dueño de ninguna verdad absoluta, nadie tiene la certeza sobre nada, las verdades deben ser personales y deben satisfacer al individuo por decisión propia. Por ejemplo, perdonar un engaño es depende del nivel de tolerancia de cada persona, pero bajo ningún punto de vista podría decir que perdonar no es “de macho”, o es de “resignada” por ejemplo. Todo depende de la persona, cada uno lleva y carga su verdad.

Comienzo contando que es frecuente en mis charlas de café que se trate el tema de la infidelidad, más allá de que a los hombres nos encanta contar, alardear, exagerar, maximizar y agrandar las historias de polleras, también muchas veces nos gusta filosofar sobre los porque y sobre la necesidad de engañar.

Llevo tiempo pensando el motivo, el porque se hace, el porque dejar de hacerlo o el porque no haberlo hecho jamás. Absolutamente ninguno de los motivos que mi entorno esbozaba me terminaba de cerrar, algunos me parecen más sustentables que otros, o que se arriman un poco más a la verdad, pero todos me parecían mediocres y banales de fondo. Les dejo un breve resumen que todo oído ha de haber escuchado:

¿Porque engañamos?

  • Porque la carne es débil (este me genera una idea de animal vacío)
  • Porque el hombre separa la mente del cuerpo y puede ser infiel sin remordimientos, a diferencia de la mujer que engaña y deja (tiene algo de razón, pero es un argumento indigno y machista)
  • Porque estamos mal con la pareja (dejala entonces)
  • Porque buscamos algo nuevo en otros (proponéselo a tu pareja primero y si no dejala)
  • Porque me gusta la aventura (comprate un paracaídas para eso)
  • Porque me gustan mucho las mujeres/hombres (esta es la más pobre de todas)
  • No se, no lo he pensado (al menos es sincera)

¿Porque no engañamos?

  • Porque estoy profundamente enamorado (si bien pude ser cierto, por mi concepción del amor, esta nunca me terminó de cerrar. Personalmente creo que el amor es un estado y que una pareja que lleva mucho tiempo bien es porque ha tenido ese estado repetidas veces, pero para mi no es permanente, sino que tiene “picos”. Entonces esta no me convence).
  • Porque llevo mucho tiempo (ya lo dijo Marciano Cantero de los Enanitos Verdes, “sumar tiempo no es sumar amor”)
  • Porque mi pareja se muere (una cuota de egoísmo muchas veces es necesaria, sino cuando se te destape la olla te vas a volver loco, si este es tu argumento principal)
  • Porque mi pareja me corta si me agarra (esto es de cagón reprimido)
  • Porque tengo hijos (esto me suena a resignación)
  • Porque estoy casado y la infidelidad esta penada con la ley (idem anterior, no es un motivo digno)
  • Porque no me dan ganas (al que me ha planteado esta respuesta le pongo situaciones “x” como que nadie lo va a ver o nadie se va a enterar y siempre se les escapa un “bueee… quizas”)

En fin, ninguna de estas y otras muchísimas más que he escuchado me han terminado de cerrar jamás. Hasta que un día lo charle con un amigo al cual considero iluminado por esa luz especial que tan pocos hombres encuentran. Lo de mi amigo fue muy resumido y conciso, él no engañaba por no perder la libertad. Como toda respuesta filosófica (y por mis elevados niveles de ignorancia y escasos de raciocinio veloz), no la entendí de movida, pero me quedó picando, me quedó haciendo ruido. Debía de haber algo tras este motivo. El tema es que comencé a ahondar en el tema, siempre naufragando en el extenso mar de la ignorancia, no había nada que me explicara de una manera práctica lo que mi amigo me había querido decir. Fue entonces cuando por esas casualidades de la vida me topé de la manera más recóndita y extraña del mundo (no viene al caso contarla) con una pequeña frase que resumía todo lo que estaba buscando. La frase es de San Agustín y dice así:

El que es bueno, es libre aún cuando sea esclavo; el que es malo, es esclavo aunque sea rey”

Y ahí fue cuando me cerró todo y esto se transformó en una verdad para mí. Quién no engaña, no pierde la libertad. En las cosas cotidianas está lo mejor de la vida y la libertad es una de ellas.