La tragedia del Alma Gemela

Richard Bach mira lo linda que es la mujer que espera el mismo ascensor que él. Suben juntos tres pisos y no cruzan más de un “hola” y un “gracias”. Un año después Bach tiene un conflicto laboral por la película de su libro Juan Salvador Gaviota para el cual se busca un mediador que resulta ser… la mujer del ascensor. Ella, Leslie Parrish, fuera y dentro de la novela se transformará pronto en su mujer y con ella escribirá “Un Puente Al Infinito”, el libro donde está contenida la historia del ascensor y que terminó siendo como una biblia sobre la teoría de las Almas Gemelas.

Esta semana en el diario La Nación, Amanda Hot posteó en su blog una leyenda china sobre El Hilo Rojo, que consiste en la idea de que existe un hilo rojo que parte del dedo meñique y llega hasta donde estaría nuestra pareja predestinada a estar con nosotros. En la leyenda que cuenta Amanda un emperador joven le pidió a una bruja que le ayude a encontrar el otro extremo de su Hilo Rojo. La bruja lo lleva hasta un barrio pobre donde se encuentra a una mujer con una beba. El emperador se enoja porque piensa que es una burla, empuja a la mujer, la beba cae al piso, que al caer se corta la frente, y manda a matar a la bruja. Haciéndolo corto al cuento (más corto aún) el emperador se tiene que casar, le recomiendan que se case con la hija de un general muy importante y la novia tiene una cicatriz en la frente, por ende, la bruja no se había equivocado. La mujer con la que se debía casar era la niña.

Cuando intento pensar cuál puede ser el atractivo de que alguien, una pareja predestinada, nos esté esperando en algún lugar de este mundo se me ocurren algunos motivos:

1- Nos espera.
Alguien nos está buscando. Podemos imaginar a una mujer o un hombre que está mirando por la ventana suspirando por nosotros esperando el día en que nos encontrará o que la encontraremos.

2- Lo mejor está por venir.
La mayoría de la gente vive la vida como un suceso de cosas que nos pasan. El sitio social y los grupos de identidad son tan fuertes y dan tanta estabilidad en la vida de las personas, que la fantasía es que un individuo penetre esos círculos tan estrictos y nos saque de ahí.

3- Elegir.
Si tenemos un Alma Gemela entonces no tenemos que elegir, sino buscar, buscar lo que ya eligieron por nosotros el destino, el universo, la casa VII y el tercer ojo de la tía Cecilia. Buscar implica el riesgo a equivocarse, a elegir erróneamente, pero con la tranquilidad de que ya tenemos asignada una pareja. Podemos probar todo lo que sea, nuestra media naranja está en el mismo proceso. Si no funciona, no es.

4- El trabajo.
Acá hay tres puntos que son el mismo: el trabajo que requiere una relación (como cualquier cosa que se emprende), la responsabilidad que tenemos de que las cosas mejoren o empeoren, y el compromiso de querer que la relación funcione. Las tres cosas refieren a “estar presente” en esa relación que emprendemos, algo difícil mientras exista a posibilidad que mañana aparezca caminando por la vereda del sol una persona a la que sintamos como nuestra alma gemela y justifique abandonar la errónea pareja presente.

Pero también tiene cosas terribles, como:

a- La angustia de creer que perdimos a nuestra alma gemela cuando ella tal vez por algo que no le gustó en nosotros nos deja, quedando siempre con la sensación de que nadie puede reemplazar a esa persona, o manipulables emocionalmente con esta.

b-La de mantenerla siempre complacida ya que si se va nos quedaremos sin la persona que las Valquirias del desierto designaron para nosotros.

c-La de sentir con el tiempo que nuestra alma gemela nos hace daño y que la vida es injusta con nosotros.

Y muchos etcéteras más.

Lo cierto es que este concepto es una trampa que parece amigable o antojadiza pero puede hacernos mucho daño cuando encontramos una persona que nos quiere bien pero la dejamos porque no sentimos todas las campanitas del armónico carrillón de las torres de Gladsheim. El daño llega años después, cuando la soledad de la insatisfacción permanente y de la inmadurez de no ceder nada nuestro por ninguna relación que exija el mínimo compromiso de nuestra parte nos abrace en el frío de una noche con ganas de no estar más solos, ganas de pagar el precio de entregar a cualquiera que tenga dos brazos las joyas invaluables que aquellas antiguas relaciones mendigaron ofreciendo tesoros y valores que ahora comparten con una persona más simple que nosotros. Este es el peligro que esconde el inocente concepto de “alma gemela”. No el de estar solos, sino el de la soledad.

Creo que estas ideas rebuscadas que siempre esconden una solución mágica para evitar tomar decisiones tienen una sola vacuna: la de dejar de creer que la vida es algo que nos pasa. El mundo es para los que toman lo que quieren, para los que aprovechan las oportunidades, para los que se aceptan como son y no necesitan disfrazar sus ambiciones o necesidades. El mundo está diseñado para que vayamos por lo que necesitamos sin tantas vueltas y que nos acomodemos o adaptemos a las situaciones según se nos presentan. El mundo es para los que aceptan resignar todas las potencialidades a futuro a cambio de una certeza en el presente.

Richard Bach escribió “Un Puente Al Infinito” en donde encontraba a su alma gemela Leslie Parrish, su segunda mujer. Sin embargo hoy va por la tercera, Sabryna, una chica a la que le lleva cincuenta (50) años. Probablemente Richard todavía andará esperando sorprenderse por encontrar a su alma gemela venir caminando por la vereda del sol.

Termino con un grafiti excelente que encontré por ahí hace tiempo en internet, y que se ríe del drama de la unicidad trágica del Alma Gemela y de las oportunidades aparentemente únicas en la vida:
“Quiero decirle al tren que pasa una sola vez en la vida, que si de verdad me importa, también puedo hacerlo caminando.”