Libro de la semana: “Cien años de soledad” de Gabriel García Márquez

 

“Tratando de que ella lo quisiera terminó por quererla.” Gabriel García Márquez

 

Casi desde el momento de su publicación “Cien años de soledad “se ha vuelto un clásico, quizás porque fue el responsable de que latinoamericana diera el portazo final en la literatura universal, quizás porque fue él quien diagramó los límites de unos de los movimientos literarios más importantes del siglo veinte: el “realismo mágico”. Pero ¿por qué es tan importante? ¿Qué es ese algo especial que tiene y que no se puede encontrar en otros libros? Mejor, voy por parte, como diría el amigo “Jack, el destripador”.

Gabriel García Márquez tuvo una enorme amalgama de influencias literarias, caso no poco frecuente en los escritores de primera línea. En su obra se nota la clásica dualidad entre fantasía y realidad de Kafka, la alternancias de tiempos narrar de Virginia Woolf y el estilo de prosa larga de Faulkner. Cada uno de sus influencias confluye en Márquez para lograr un estilo único.

El estilo de “Cien años de soledad” es, quizás, uno de los principales protagonistas de la novela. Todas las frases son frescas como la primera brisa de la mañana pero intensas como el torniquete en la herida; se muestra delicada como una caricia al despertar pero sin dejar de ser pesadas como el plomo. Incluso, aunque no entiendas la narración de los hechos, podes gozar de leer el libro en voz alta por la simple musicalidad de la prosa. Ninguna página tiene desperdicio. Si sos de las personas que subrayan las frases que más te gustan, te aconsejo comprar varios lápices antes de sentarte a leer este libro en particular.

Otros de los puntos angulares son los personajes. En una novela como esta, cuyo protagonista central son todos los integrantes de varias generaciones de una única familia, el carácter de cada uno de los personajes se encuentra cuidadosamente diagramado por el autor, incluso cuando parezca lo contrario. Vas a notar que los protagonistas tienen personalidades exaltadas hasta el punto de parecer muñecos de una serie infantil; cada uno posee un carácter extravagante y hasta cómico, sus propias manías y obsesiones. Pero esto, que a primera impresión puede parecer un azaroso divertimiento del autor, no es más que un ingenioso truco literario cuyo único fin es poder tratar temas complejos sin que el lector se sienta agobiado por las muchas atrocidades que padece la familia Buendía.

Contar acontecimientos trágicos pero por medio de personajes aparentemente absurdos, es una buena manera de hacer llevadera la desgracia. El resultado es una novela que consta de tantos chistes que podría competir con algunas de las películas de los Hermanos Marx.

Por otro lado, si deseas hacer un análisis un poco más fino, podes afinar el ojo e intentar comprender el contexto social de nuestra Latinoamérica de aquellos años, que, para desgracia nuestra, es bastante parecida a nuestra situación actual. Divisiones políticas en la sociedad, empresarios inescrupulosos o estados corruptos, son algunos de los responsables de entregar un sinfín de desdichas para los habitantes de Macondo. El libro es casi una radiografía de todos los problemas latinoamericanos del último siglo.

Conclusión: Entre las muchas enseñanzas que puede dejar la novela, quizás la más importante es que cada uno se tiene amigar con su propia soledad, pues ella nunca nos va a abandonar.