El libro de la semana: Persépolis

 

La historia comienza en el año 1979. La protagonista, Marjane, tiene diez años y vive en el mismo tiempo en que se están produciendo cambios políticos en su Irán natal. Desde su perspectiva infantil es testigo de una trasformación política tan profunda que pone fin a dos mil años de monarquía en su país. La extrema izquierda, el intervencionismo estadounidense y el fundamentalismo religioso –los tres grandes males del siglo veinte en su conjunto–, pelean por tomar el poder de la nación, pisando a la sociedad para llegar a consolidar sus fines.

Los conflictos armados obligan a su familia a mudarse a Europa, contraste que la ayuda a evidenciar las enormes diferencias culturales entre su país y los demás. Ahí mismo es donde van a trascurrir gran parte de su vida y donde va a tener que aprender a sobrellevar su pasado mientras va creando su futuro.

El relato habla de una vida difícil; no faltan penumbras por nombrar. En manos de un sueco o un noruego, la obra estaría plagada de lágrimas en cada página,  las personas llorarían al tener sexo y todo sería una angustioso relato, como nos tienen acostumbrados actualmente. Pero esta historia, al ser contada por alguien que sí vivió todos los hechos narrados –una verdadera refugiada iraní–, es contada desde un punto de vista más pintoresco que en los anteriores ejemplos.

Por más que la novela relata los inconvenientes de haber nacido en un país dictatorial, la autora parece no haber querido dar un testimonio a la crueldad y al choque cultural sufrido por ella en sus años de infancia y de madurez. Narra los sucesos con diversión y hasta con simpatía, inclusive en las circunstancias más dramáticas que le toca vivir.

Es una historia dura pero sin que esto signifique carecer de humor al contarla; la autora no pierde oportunidad en burlarse de sus padecimientos en casi cualquier momento. El tenor de la obra contrasta con la máxima que indica que solamente se es profundo cuando se habla con solemnidad, como si el Quijote no tuviera suficientes chistes para hacer tres películas de Woody Allen.

Los cuatro tomos que conforman a la novela se leen rápido. Cada página va atrapando al lector en una red sutilmente armada por la escritora; uno no entiende cuando empezamos a tener una empatía tan fuerte con una protagonista cuya circunstancias es tan distintas a la nuestra. Y es que la historia habla sobre algo más que las enormes dificultades de crecer en un país violento y sus posteriores secuelas a la hora de interactuar en una sociedad llamada civilizada. Habla de lo condicionados que estamos por nuestro ambiente, de lo difícil que es ser uno mismo cuando uno tiene sobre la espalda una historia para sobrellevar y del momento en el cual nos tenemos que emancipar de las circunstancias que nos rodean para ser nosotros mismo. Porque uno no necesita irse a otro país para ser un exiliado de su propia vida.