GRACCIDENT

Primer ministro de Grecia, Alexis Tsipras

Al final Atenas pidió un nuevo rescate para pagar su vencimiento del día de hoy y evitó un default que ya parecía irreversible. Hoy en Grecia rige un feriado bancario que terminará el 6 de julio, y un corralito financiero que permite extraer de los cajeros automáticos sólo hasta 60 euros por día.

Si bien a primera vista es fácil ver las semejanzas con el caso “Argentina 2001”, las cosas no son iguales. El caso argentino hoy les puede servir a los protagonistas para conocer las reacciones usuales de una población sorprendida por restricciones atípicas y agresivas con respecto al uso cotidiano del dinero. En Grecia están viviendo situaciones de la mayor incredulidad tal vez porque su país siempre estuvo en el continente europeo y no han tenido el privilegio de vivir en países donde los gobiernos tratan a los ciudadanos como anónimos espectadores que suman o restan rating.

Lo cierto es que el caso Grecia tiene unos puntos más profundos y complejos que el caso argentino, y aunque la matriz del problema inicial de Grecia sea casi el mismo (corrupción, gastos irresponsables, cortoplacismo) las consecuencias pueden cambiar el escenario mundial de un día para el otro.

Hay dos temas importantes en el caso Grecia. El primero es la cesación de pagos, en Argentina más conocido como el “default”. El segundo es el Euro.

El problema de Grecia empieza con la crisis mundial del 2008. En 2009 sus lastimadas finanzas obligan al país a recurrir a la ayuda de sus socios europeos. Desde ese año hasta hoy tubo tres rescates de decenas de miles de millones de euros cada uno. La condición que se le puso a Grecia por la ayuda fue hacer un “programa de austeridad” el cual se presentó el 15 de enero de 2010.

Con el tiempo los “programas” de austeridad se transformaron en “políticas” de austeridad y empezaron a asfixiar a la economía en general. Las ayudas para la enorme deuda griega sólo alcanzaban para pagar los vencimientos de los bancos, pero no alcanzaban para ningún desarrollo productivo interior ni para dar un respiro al tremendo apriete de cinturón que padecían los griegos con las políticas de austeridad. Cuando uno piensa en las entidades que desarrollaban estas millonarias ayudas para Grecia se pregunta si no podían prever que lo que hacían no sacaría nunca adelante a Grecia, o si trabajaban para las entidades acreedoras de la deuda griega.

Directora del FMI, Christine Lagarde y Yanis Varoufakis, ministro de Finanzas de Grecia

En definitiva, esa deuda enorme de decenas de miles de millones de euros que tenía Grecia en 2009 terminó convirtiéndose en una deuda descomunal de cientos de miles de millones en el 2015. En enero de este año gana las elecciones legislativas una coalición de ultra izquierda que llega al poder con la promesa de terminar con las “políticas de austeridad” que habían dejado instalar los conservadores. Europa mira con escepticismo al nuevo equipo negociador griego, pero Alexis Tsipras afloja las tensiones y renace las sonrisas de los equipos de negociación. Entre enero y ese feliz comienzo del nuevo primer ministro Tsipras hasta hoy, las relaciones cayeron en un deterioro que fue desde la amenaza de los griegos de dar papeles a los refugiados para que emigren a Alemania hasta la propuesta de expropiar el instituto Goethe en Atenas para pagar una indemnización a las familias de los griegos asesinados por el nazismo en 1944.

A días de la fecha de hoy, del primer vencimiento de deuda griego al que Grecia no podía responder, los negociadores se fueron cansando de las acusaciones y amenazas de los griegos al punto de que la mitad de los alemanes estaba en contra de la ayuda a Atenas, y de que Merkel dijera que había que salvar a Grecia pero “no a cualquier precio”. El resultado final fue que Grecia rechazó cualquier ayuda… hasta el día del vencimiento, donde aceptó negociar el pago del vencimiento.

Más allá de las coloridas políticas griegas (tan similares a las criollas), el problema en cuestión no es la hambruna del pueblo griego, ni el deshonor, ni la desgracia que implica un default.

Si Grecia cayera en default le sucedería lo mismo que nos sucedió a los argentinos en el 2001: en algún momento deberán devaluar. Si bien la cesación de pagos ya implica no tener el dinero suficiente para las primeras obligaciones, ese mismo acto de no pagar expondría al país a dejar escapar y espantar cualquier inversión futura. Sin embargo Grecia no puede devaluar porque su moneda es el euro. Y si no puede devaluar su moneda la devaluación se transferirá directamente sobre los productos y bienes griegos, lo que dejaría en la hambruna a todo el país.

Alexis Tsipras y Ángela Merkel

Como Grecia jamás permitiría esto, por lógica, pasaríamos al segundo problema importante: Grecia, para poder devaluar su capital y volver a activar su economía desde valores más baratos, debería salir del euro. Y este es el centro del asunto.

Si Grecia sale del euro volvería al “dracma”, su moneda anterior al euro, y con ello devaluaría todo lo necesario (y más también, probablemente). Si esto ocurre van a pasar dos cosas.

En primer lugar la solidez del euro quedaría dañada. Chipre, Portugal, España e Italia, las otras economías con problemas dentro de la Eurozona, se transformarían en el terror de las inversiones ya que perfectamente podrían recorrer el mismo derrotero griego. Y si eso pasase, sin duda correrían el mismo derrotero griego, y recuperarían sus monedas para devaluarlas. Y la Eurozona ya sólo serían Francia, Alemania, y un grupo de naciones que ya nada sumarían a una moneda fuerte y competitiva.

En segundo lugar, Grecia volviendo al dracma jamás podría devolver la deuda asumida de 342 mil millones de euros, y eso impactaría la economía mundial. Las entidades acreedoras deberían reformular todos los prestamos de todas las naciones, revisar concesiones, ajustar todas sus finanzas. El Fondo Europeo de Rescate solo ya es acreedor de 141 millones, y gran parte de ese dinero es alemán. Alemania y Francia quedarían fuertemente golpeados por una salida de Grecia del euro. Y Alexis Tsipras lo sabe. Por eso fue tan importante cuando Ángela Merkel hace unos días dijo que era muy importante salvar a Grecia, pero no a cualquier precio. Porque si Alemania, que probablemente sea la nación más comprometida con la crisis griega, no le tiene miedo a la hecatombe… tal vez debamos prepararnos para su llegada.

Wolfgang Schäuble, ministro de Finanzas de Alemania

Ante la posibilidad de la inminente salida de Grecia del euro a principios de este año, la comunidad económica comenzó a llamar al caso de Grecia con el nombre de “Grexit” (Grecia + exit). Pero ante las posteriores provocaciones de los noveles funcionarios griegos a los negociadores de la Eurozona, el hartazgo de los alemanes se hizo visible y Wolfgang Schäuble, ministro de finanzas alemán, advirtió sobre la posibilidad de que Grecia saliese “accidentalmente” del euro, o sea, por torpeza griega en la negociación y por hartazgo del equipo acreedor. Pero no fue sólo una presunción económica, sino que sarcásticamente hacía referencia a un nuevo pseudónimo con el que se bautizó a Grecia por sus amenazas de salirse del euro. Grecia ya no lleva más el soberbio sobrenombre de “Grexit”, ahora lo llaman “Graccident”, a secas.

Nota (agregado mié. 01/07/2015): el rescate de 29.000 millones de euros solicitado a último momento por Grecia fue rechazado y hoy entró en cesación de pagos. Comienza la cuenta regresiva para el euro.