Sobre intermediarios, elecciones y peronistas

Por mis estudios abocados a las ciencias económicas tiendo siempre a mirar las instituciones, grupos, organismos y demás agrupaciones de personas con fines diversos, como si fuesen una empresa. Creo que bajo los mismos conceptos básicos, cualquier entidad se puede manejar como si fuese una empresa, planificando, organizando, dirigiendo y controlando básicamente. Esto extrapolado a los organismos políticos, según mi visión, debería dar buenos resultados.

Aclarado esto quiero hacer un comentario sobre los “intermediarios” comerciales. Aquellos personajes inteligentes que compran en un lugar y venden lo mismo en otro, cobrando como “valor agregado” únicamente el servicio, o sea, la comodidad del proveedor. Pienso que los intermediarios deberían ser eliminados de la faz de la tierra, pero siempre que existan tipos relativamente despiertos y tipos relativamente cómodos, van a seguir pululando intermediarios para todos los rubros por siempre.

El principal problema del intermediario no es el usufructo de sus servicios, sino que suelen no entender un principio básico que limita su subsistencia: el avance en la cadena. Me explico. El intermediario suele ser el que más plata gana y el que menos trabaja en un lapso corto de tiempo, porque no produce el bien ni lo consume, sino que esta al medio, cobrando por cada tanto vendido. No reniega con la producción ni padece las ventas. Suelen crecer económicamente más rápido que cualquier otro eslabón. Y es en ese preciso momento, cuando está en el cenit de su carrera, donde el intermediario debe ser inteligente y entender que tiene que dejar de estar livianamente al medio y avanzar hacia atrás, produciendo él mismo, o hacia adelante, vendiendo él mismo al consumidor final, porque sino, en más o menos tiempo, el productor va a entender que puede vender directo o el proveedor que puede comprar directo, sin este nefasto personaje en el medio.

Si el intermediario no invierte, o por lo menos se diversifica en otro rubro, el mercado se lo come. Para mí, es una regla básica. Tarde o temprano el intermediario choca el barco.

El peronismo en Mendoza actuó como intermediario de la nación durante ocho años, disfrutando de los beneficios fugaces de esta condición y sin preocuparse mínimamente en el “avance dentro de la cadena”. Se mantuvieron cómodos “comprando” kirchnerismo nacional y “vendiendo” el mismo discurso a los proveedores, olvidando por completo al “consumidor final”, o sea, el pueblo. Los peronistas mendocinos perdieron los valores, las ideas, la ideología, las bases fundamentales del peronismo. Estrellaron un barco maravilloso, que podría haber hecho historia una vez más y sin embargo dejaron la provincia servida en bandeja (en una bandeja fundida) para que cualquier otro la dirija. La gente esta cansada, harta y claramente lo demostraron, claramente quieren un cambio, sea la que sea la oferta, porque cuando el dolor es tan intenso, cualquier analgésico sirve de consuelo.

El peronismo mendocino fue el culpable de todo, los viejos caudillos se encargaron de destruirlo, de hacer las cosas pésimamente mal, de olvidar por completo su función dirigencial, pudieron más las ambiciones económicas, la rosca y el ego que la unidad, la fuerza y el sentimiento de grupo que ha caracterizado al partido. Gestiones olvidables, robos épicos, enriquecimiento ilícito, inutilidad total, inoperancia, estupidez, obsecuencia… estas son algunas de las palabras que se nos van a venir a la cabeza cuando recordemos estos últimos ocho años, porque todo lo bueno que se hizo, fue poco y ampliamente opacado por todo lo malo.

Pero… (y gracias a Dios hay un “pero”) el peronismo tiene la condición de reinventarse, de arrancar de cero, de empezar desde las cenizas siempre, una vez más, de intentar aprender de los errores, al menos intentar…

Se vienen por lo menos 4 años de radicales, tenemos tiempo de sobra para reflexionar, recapacitar, abroquelarnos y reconstruir el PJ mendocino. Los culpables de la derrota tienen que hacerse cargo y reconocer sus garrafales errores, entendiendo por una vez al menos que es hora de correrse a un lado.

El Peronismo tiene que volver a proyectar, a construir, a fijar bases, conceptos, proyectos, tenemos que volver a pensar una Mendoza a 20 años, seria, pujante y creciente, tenemos que dejar de ser un partido vacío de ideas (como todos) y llenarnos de contenidos, de bases, de preceptos. Tenemos que volver a ser el partido del pueblo, para el pueblo y por el pueblo. Tenemos que volver a sentirnos orgullosos de ser peronistas y poder salir a gritarlo a los cuatro vientos.

Es mi sueño formar parte de una generación que sea gestora de un verdadero cambio, profundo y a largo plazo en el país. Y ese cambio debe empezar desde cero, desde abajo, desde las cenizas… justo donde estamos ahora.

NDA: sepan disculpar mi divague de ideas y conceptos, las elecciones del domingo fueron un golpe que aún me tienen mareado.