El Rock Nacional también ha muerto

El tópico sobre si el rock ha muerto o no ya está pasado de moda y archi-gastado, es una discusión que se viene planteando desde principios de los 90 en el ámbito mundial, con la desaparición del mítico Kurt Cobain y la disolución de Nirvana.

Muchos melómanos opinan parecido en esta especie de “punto de inflexión” que significó Nirvana, algunos dilapidando al Rock y al Pop y otros haciendo alusiones a mutaciones, que terminaron derivando en la electrónica de principios del 2000. Incluso muchos también coinciden (coincidimos) en que Amy Winehouse fue el último bastión de esta leyenda. En fin, hace rato ya que este tema es un ir y venir entre músicos, fans, periodistas, opinólogos, managers, discográficas, radios, canales musicales, foreros, bloggeros, etc.

Personalmente pienso que el rock mundial ha muerto, no solamente viene en decadencia, esa etapa pasó hace unos diez años, sino que ha muerto definitivamente, pero el motivo de esta nota no es hablar sobre el Rock en general, sino sobre el Rock Nacional, nuestro rock, el cual, según mi humilde opinión, también ha muero y les paso a explicar porqué.

Primero que nada voy a dar una breve reseña de la historia del rock, haciendo enfoque en los grupos populares, que son los que sirven como guía, como luz para los demás grupos. De esta manera voy a explicar desde cuándo el Rock murió.

Todo nació en los 60, con personajes como Litto Nebbia, Moris, Tanguito, Miguel Cantilo y varios más tocando para jóvenes en el circuito under porteño, concentrado todo en La Cueva, una especie de bar roquero de capital. El Rock nace con la formación de “Los Gatos”, el grupo de Litto Nebbia que hizo furor con su hit “La balsa”, escrito por Tanguito y Nebbia y se consolida como movimiento popular con el nacimiento del grupo “Almendra”, liderado por el flaco Spinetta. “Muchacha ojos de papel” sonaba en todas las casas argentinas. Podríamos llamar a este nacimiento como una “primera etapa”, donde de grupos sosos y bailables como los que habían, nace una movida de culto, con poesía más fina y elaborada y ritmos mucho más acordes a la creciente “beatlemanía” mundial.

Grandes músicos y bandas dio el lapso entre fines de los 60 y principios de los 70, pero fue el mítico grupo “Sui Generis”, liderado por Charly García y Nito Mestre, el que tomó la delantera y masificó el Rock Nacional, haciéndolo llegar a oídos de todos y generando los primeros grandes recitales y giras. Por otro lado la separación de “Almendra” y sus posteriores fusiones, dieron excelentes bandas como “Pescado Rabioso”, de Spinetta, “Color Humano”, de Edelmiro Molinari y “Aquelarre”, de Emilio Del Guercio. Los más pesados se volcaron hacia Pappo’s Blues, la banda del Carpo, Norberto “Pappo” Napolitano. Aunque las raíces de la música “densa” y blusera vienen de “Manal”, primer banda de blues Argentina.

La guerra de Malvinas trajo consigo la prohibición de la difusión de la música en inglés, por lo que proliferaron las bandas nacionales y fueron emitidas por todas las radios del país. En esta época es donde nuevamente Charly García nos deslumbra, con el magnífico grupo “Serú Giran”, junto a David Lebón, Pedro Aznar y Oscar Moro… cuatro inmensas potencias musicales. También aparece la “trova rosarina” comandada por un joven y pelilargo Juan Carlos Baglietto, la protesta junto a “Pedro y Pablo” y la consolidación de solistas que venían hacía diez años remándola, como León Gieco y Raúl Porcheto. Pappo funda “Riff” el así nace el heavy y el rock pesado.

A mediados de los ochenta se popularizan “Los abuelos de la nada”, dándole una nueva cara al rock de la época, que venía siendo serio y solemne, crítico y mordaz. Por ese motivo le adjudico una “segunda etapa”. Ahora el rock se podía bailar y sonaba mucho más agradable a los oídos populares, se había modernizado e incluía nuevos instrumentos y acordes, básicamente se transforma en un rock más “popero”, en concordancia con el mundo. Así explotan grupos como “Virus” de los hermanos Moura, “Los Twist” de Pipo Chipolatti, “Viudas e hijas” de María Gabriela Epumer, entre otros. Esta movida nueva y moderna es llevada al estrellato y a la masificación absoluta por “Soda Stereo”, quienes revolucionaron el Rock Nacional y lo hicieron expandirse por Sudamérica, porque formaron una estética audio visual y una conducta rockera.

También a mediados de los ochenta, se comienza a gestar en el under porteño un caldo rockero y místico, una densa capa de rock barrial, que importa ritmos y melodías Europeas, que se carga de política y doble sentido y que se lo cubre de un velo claroscuro. En público en general se vuelca hacia el “Pop”, pero los rockeros de antaño se refugian en estas bandas. La movida es comandada por Luca Prodan con “Sumo”, mientras que “Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota” sentaban bases y echaban raíces con un público que años más tarde sería el más fiel y fanático de la historia del Rock Nacional. A fines de los ochenta, con la muerte de Luca y la separación de “Sumo”, toda esta movida queda en manos de “Los Redondos” principalmente y de “Divididos” y “Las Pelotas”, las dos bandas que se generaron luego de que finiquitara “Sumo”.

Para la misma época se fortalecen grandes solistas del Rock Nacional, como Charly Garcia, Andrés Calamaro (que venía de Los Abuelos de la Nada), Fito Páez (que era tecladista de Baglietto y de Charly), Miguel Mateos, Spinetta y Pappo. La movida heavy depara en “V8” y luego en “Hermética”, el grupo de Ricardo Iorio.

A principio de los 90, e influenciados por el grunge de Nirvana y el fenómeno “hip hopero” norteamericano se gesta una “tercera etapa” del Rock Nacional. Aparecen magníficos grupos como “Babasonicos”, “Peligrosos Gorriones”, “Los Brujos” e “Illya Kuryaki”. También se hacen muy populares “Los Pericos”, “Los Fabulosos Cadillacs” y “Los Auténticos Decadentes” que si bien venían desde los 80, tuvieron que esperar para ser famosos. Estas tres bandas popularizan el ska, el reggeae y lo fusionan con el rock.

Corriendo mediados de los 90 “Los Piojos” y “La Renga” se vuelven grandes potencias del Rock Nacional y de la noche a la mañana “La Bersuit Vergarabat” la rompe en todas las radios del país.

Y es en esta época, queridos amigos, donde sostengo que el Rock Nacional llegó a su punto más alto, más culmine, más explosivo y ya nada pudo ni superar ni igualar a la gloria de estas bandas, comenzando el rock (y el pop) como estilo, poco a poco a morir, a envejecer y a decaer.

En esta época los solistas se transforman en “dinosauros” del Rock, en el buen sentido de la palabra y las bandas en “mitos”. Desde esa época hasta hoy, no existe nada nuevo, nada moderno, nada que llame la atención, nada que rompa los esquemas, que genere expectativas. Es todo copia de copias, plagio de plagios, covers y remakes de bandas viejas. Los viejos se hacen solistas, se separan, se juntan, se vuelven a formar, pero no dejan de ser lo mismo. Los nuevos son mediocres sin gracia ni clase que han llegado al punto de imitar no solamente ritmos y acordes, sino tonos de voz y actitudes. No viene al caso dar nombres específicos, pero los ejemplos están a la vista (y el oído) de todos. Y los que aún subsisten, no son más que los mismos de los 80 y los 90, portadores de una gloria y magia que, la gran mayoría, jamás perdieron (por suerte)

El Rock Nacional se murió y su muerte va de la mano con la muerte mundial, globalizada del Rock y el Pop.

Personalmente nada nuevo me llama la atención, ya nada sobresale, ni resalta, ni nos identifica, ni genera sensaciones, movimientos, fanatismo ni mucho menos. Aparecen y desaparecen banditas intangibles, que pegan uno o dos “hits” en las radios, haciendo rimar sandeces, con letras vacías, carentes de creatividad musical y no hay nada más. Ya no hay nuevas giras, nuevas apuestas, nuevas movidas, o lo que hay es pobre, musicalmente hablando.

Intenté esperar que una “cuarta etapa” apareciese, pero llevamos más de 20 años y no hay nada nuevo, ni siquiera las luces de un amanecer tardío. Así que nada… el rock está muerto y enterrado y no hay nada que en el corto plazo demuestre lo contrario.