Revelaciones incómodas

A través de la Comisión de Relevamiento para la Recuperación de la Memoria Histórica, el Gobierno nacional desclasificó hasta el momento 5.832 documentos y resoluciones secretas, que se encuentran disponibles en el Archivo Histórico de la Cancillería y pueden ser, incluso, consultados en internet (http://desclasificacion.cancilleria.gob.ar/).

Allí aparecen algunos que confirman un dato sostenido por no pocas investigaciones historiográficas recientes: la convivencia política que se estableció entre la dictadura argentina, encabezada por Jorge Rafael Videla y José Alfredo Martínez de Hoz, y el Gobierno cubano de los hermanos Fidel y Raúl Castro.

En uno de tales documentos –rotulado como “Secreto”–, con fecha del 20 de abril de 1977, aparece la constancia de que el régimen cívico-militar autorizó al embajador argentino en Cuba a “solicitar un intercambio de votos” para la reelección de Argentina en el Consejo Económico y Social de Naciones Unidas (ECOSOC). También se menciona allí que Fidel Castro le había solicitado a Videla su apoyo para la elección de Cuba en el Consejo Ejecutivo de la Organización Mundial de la Salud.

Textualmente dice así: “En consideración al pedido de apoyo solicitado por Cuba para su elección en el Consejo Ejecutivo de la Organización Mundial de la Salud, autorízase (SIC) a V.E. a solicitar en cancillería local un intercambio de votos en favor de la postulación de nuestro país a la reelección en el ECOSOC y se servirá informar resultados por esta misma vía”. El cable está firmado por Fernando L. M. Ricciardi, del Departamento de Organismos Internacionales del Ministerio de Relaciones Exteriores de Argentina.

En otro, del 12 de septiembre, el embajador argentino en La Habana, Francisco Molina Salas, escribe: “Oficializose (SIC) apoyo cubano ECOSOC”. Dos días después, el Departamento de Organismos Internacionales de la cancillería argentina envía un documento a su misión en Naciones Unidas para confirmar el compromiso cubano. “Recibióse (SIC) confirmación apoyo Cuba reelección en ECOSOC totalizando candidatura argentina 18 votos…”, recoge el cable.

Para muchos lectores, la alianza silenciosa que mantuvieron ambos regímenes será, posiblemente, una sorpresa. Sin embargo, quienes vivimos en aquellos años sabemos que no era tan difícil deducir que Cuba mantenía relaciones diplomáticas normales con quienes secuestraban, torturaban y asesinaban a sus admiradores en Argentina. Otro tanto ocurría con la –hoy extinguida– Unión Soviética que, además, fue el principal mercado de granos de la Argentina en aquellos años. (Dicho sea de paso, la política exterior cubana se decidía, por entonces, más en el Kremlin que en La Habana).

No había que ser un avezado investigador, insisto, para saberlo. De hecho, la forma más clara y sencilla era chequear los comunicados y la prensa del Partido Comunista argentino, portavoz local de la Madre Patria staliniana.

“El PC consideraba que no había triunfado el ala más retrógrada de las Fuerzas Armadas, al que se denominaba “pinochetista”, sino un sector con el que se podía dialogar y cuyo objetivo era restaurar, lo antes posible, la vida democrática (…) ‘Videla, Viola, éste es un golpe piola’, coreaba la barra”, comenta el dirigente y periodista partidario, Jorge Sigal. “Esta curiosa postura –agrega– habría resultado de una exigencia de la ex URSS (el PC argentino era uno de lo más ortodoxos del mundo) que, por razones geopolíticas, consideraba a la Argentina como un eslabón clave en la lucha con EE.UU. Aunque real, no creo que ese fuera el único dato que pesó a la hora de fijar esa peculiar postura. Como se ha señalado, el PC tenía un sector de inteligencia que había logrado importantes niveles de penetración en las Fuerzas Armadas y en sectores del poder económico”.

Tal vez la más importante “penetración” fue la del Banco Credicoop –cuyo titular es el actual diputado nacional del reciclado PC, Carlos Heller– que actuó como intermediario financiero del negocio de granos que, además de contribuir a sostener el plan de reconversión productiva de Martínez de Hoz, sirvió también para fortalecer una alianza con el autodenominado Bloque Socialista de países, a fin de impedir una condena internacional al Gobierno argentino por violación a los Derechos Humanos.

Si alguien se toma el trabajo de revisar los archivos de ONU, podrá comprobar que los representantes cubanos en la Comisión de Derechos Humanos, con sede en Ginebra, jamás votaron las resoluciones que denunciaban a la dictadura de Videla (que supo devolver la gentileza ordenando a los propios abstenerse de votar contra Cuba). Un caso emblemático fue la fallida condena impulsada por el gobierno norteamericano, en tiempos de Jimmy Carter, en dicha comisión, debido a la decisiva maniobra de los representantes cubanos, que lograron reunir el apoyo de No Alineados a la estrategia “socialista”.

Como se ve, la “realpolitik” está siempre por encima de las “sutilezas” ideológicas. Y aún cuando este doble juego se cobró la vida de miles de personas, hasta hoy impunemente, nada permite pensar que haya servido de experiencia para las nuevas generaciones.