Un libro para ciegos

“En occidente valoran la vista por sobre los cuatro sentidos restantes” dijo un mercader chino una vez. Según cuenta la leyenda, lo mencionó luego de una pequeña incursión por el continente europeo, allá por los albores del siglo diecinueve, cuando tuvo que definir cuál fue su impresión de esa lejana parte del mundo. Lo dijo sin alarmarse, pensando que era sabido para el resto. Lo cierto es  que, más allá si esta frase es verdadera o no, algo parecido habrá pensado Saramago al momento de escribir “Ensayo sobre la ceguera”.

El escritor portugués José de Sousa Saramago, ganador del premio nobel de literatura en 1998, escribió “Ensayo sobre la ceguera” a mediados de los noventas. La historia narra cómo una rara enfermedad deja a sus habitantes ciegos, y cómo un grupo de desconocidos se ven obligados a convivir para salvarse de una sociedad que se desmorona en su propio caos.

¿A quién le puede interesar?: En cada capítulo se van desguazando las principales instituciones que conforman los cimientos de una comunidad arquetípica. El sexo, el estado o la religión, están en perspectiva para que podamos observar lo que, según el autor, es capaz de realizar el individuo si no tiene instrumentos para controlarse. El atractivo principal está en ver cómo los ciudadanos se van despojando del halo civilizatorio hasta convertirnos en seres amorales.

En cuanto a la prosa, la frialdad es un rasgo que acompaña a toda la obra. Se describe los sucesos sin exaltar ni apaciguar ningún hecho, de tal modo que no hay nunca un adjetivo para provocar, y no es poco mérito si tomamos en cuenta que el libro describe las crueldades que un hombre puede realizar en un estado de angustia total.

Si lees el libro, en algún punto, luego de aceptar que realmente somos capaces de efectuar las mismas acciones que los protagonistas si compartiéramos su suerte, no vas a poder evitar querer escupir al espejo.

¿A quién no es recomendable?: al tener que describir el lento y progresivo estado de deshumanización en una sociedad, la novela puede tornarse densa en varias partes. Para algunos va a ser un precio económico por el detallado estado emocional que se refleja en los personajes. Para otros, que asumen necesario que el dinamismo esté presente en toda historia, la virtud no alcanza a compensar la lentitud.

El estilo también puede ser un inconveniente. Saramago tiene un uso propio del lenguaje, una fuerte personalidad que está impregnada en cada hoja, y esto puede dar una primera mala impresión. Escribe las conversaciones sin guión de diálogo y altera de forma arbitraria los signos de puntuación, lo que implica una mayor concentración en el lector y un rechazo a personas en busca de una literatura más ociosa y amigable.

Resumen: “Ensayo sobre la ceguera”, al igual que cualquier gran libro,  amerita un trato especial. Se puede mandar a la hoguera o dejar que junte polvo en la estantería, pero no se puede ningunear. O, mejor dicho, no podemos hacernos el ciego con él.