Las batallas anacrónicas

Considero que el contexto histórico y social donde uno habita es fundamental para emitir cualquier tipo de opinión y postura. No es lo mismo la visión de alguien que vive en un país del primer mundo como la de uno del tercer mundo. No son las mismas necesidades, ni las mismas quejas, ni los mismos problemas. Hay posturas que si son generales, pero son la minoría, la gran mayoría son específicas de cada lugar, cada nación, cada idiosincrasia.

Entonces me ubico donde me toco vivir… Argentina 2015. Y bajo este suelo, en este preciso momento, es que pienso y opino que hay luchas que están pasadas de moda, batallas anacrónicas. Hay sucesos que no van a pasar, que no van a ocurrir, que solo son enarbolados por personajes con exceso de ocio, actitud beligerante, aburrimiento o simplemente el hecho de tener la necesidad de imaginar conspiraciones maquiavélicas inexistentes. Lo peor de todo es que cuando realmente sucede algo preocupante en el país, ninguno aparece físicamente para batallar en el hecho, sino que simplemente prefieren relajarse en batallas discursivas, debates yermos… charlatanería de café de la peor calaña.

Defenestrar a un norte imperialista, al acecho por nuestras riquezas, manejando los hilos de una política oscura que pone alfiles de sus ideales, desesperados por nuestros glaciares, por nuestro preciado espacio territorial es un claro ejemplo de lo que opino. La guerra fría se acabó. Los yankys ni siquiera saben donde queda Argentina. Si tuviesen la mínima intención de quedarse con algo nuestro tengo la convicción absoluta que sin ningún tapujo nos hubiesen invadido y hecho re contra mierda en cuatro meses, porque está en su genética, su política y su economía. ¿Qué los lleva a invadir impunemente otros países y al nuestro no? ¿Nos estarán dejando para el final? ¿Seremos la “frutilla del postre”? Nos creemos el ombligo del mundo, temiendo cosas inexistentes.

La lucha más ridícula es la de los mal llamados “progres” contra la iglesia católica. No vamos a desconocer las atrocidades cometidas en el pasado, pero esas son cosas que no van a volver a ocurrir jamás. Se escandalizan por defender el laicismo en la educación, por la ortodoxia de los feligreses, por el dogmatismo institucional, elucubrando maléficos planes de un orden mundial eclesiástico contra una población indefensa, cuando las iglesias están cada vez más vacías, a la gente cada vez le interesa menos la religión y segundo a segundo toda corriente religiosa pierde adeptos. La batalla del progresismo contra una iglesia poderosa ya fue dada hace años y esta a la vista quiénes fueron los ganadores. No tiene sentido seguir tirando bombas a un edificio maltrecho, siguen desperdiciando pólvora en guerras unilaterales. Muchas veces pienso que es una cuestión de ahínco por parte de la izquierda en la eterna búsqueda de un enemigo de derecha para poder justificar sus juntadas.

Catalogar de homofóbicos, xenofóbicos, machistas, sexistas a entidades, medios, personas, levantando los guantes de una batalla absurda, agitando aguas estancadas, gritando a los cuatro vientos por hinchada bardera, alterando pasiones anodinas, es otra cosa que en cualquier neurona racional genera incluso una opinión cariñosa, como la que se le da a un hijo imberbe o a un amigo bobo. La batalla contra el clu clux clan terminó en los setenta y la segunda guerra mundial en 1945, ya fue, ya se luchó por eso, ya se ganó, listo, punto. No va a venir una horda de gordos rubios encapuchados a matar a muchachos de color y violar morenas.

El permanente ataque a las instituciones militares, temiendo una sublevación infernal en busca de poder, con ánimos de masacrar una población de ideología contraria, llevada a cabo por soldados diabólicos, de sangre fría, preparados para matar como máquinas, liderados por un jefe militar fascista y virulento, que viene a tomar el gobierno y decidir aniquilar a todos los ciudadanos, no va a ocurrir acá, no en Argentina, no en el país que habito. Es una queja que suena hasta infantil. No va a suceder jamás, porque ya pasó, ya cientos de personas lucharon en su momento, sufrieron y dejaron su vida por esa batalla. Ya pasó y aprendimos de eso. Esto no quiere decir que no hay que tener memoria, pero si hay que ser un poco lógico en la vida.

Que el progresismo discuta sobre estos temas esta tan vencido y es tan recalcitrante como una discusión del conservadurismo sobre la homosexualidad. A absolutamente nadie con un dedo de frente le interesa que lo que haces o dejas de hacer con tu sexo. Incluso hasta veo absurdo y de tintes fascistas el asistir a una marcha por el orgullo gay. Etiqueto como retrógrada a cualquier defensa o ataque que se pretenda hacer sobre estos tópicos del pasado, sea del bando que sea.

E insisto… lo peor de todo no es tener que fumarse un debate de estos, sino que cuando hay que salir a la calle y poner la jeta y el pecho a las balas, dando la cara, son estos mismos onanistas mentales los que prefieren quedarse debatiendo por las redes sociales desde sus smartphones, en foros vacíos o en bares de mala muerte, mientras toman whisky importado.